SIEMPRE ADELANTE

By Archbishop Gomez
September 30, 2016
Source: Vida Nueva
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Les escribo estas palabras desde Roma, en donde estoy formando parte de una delegación de obispos estadounidenses para planear el V Encuentro. Estamos en una peregrinación de una semana que incluye reuniones con funcionarios del Vaticano.

El Encuentro es un proceso de compromiso y reunión, organizado por mis hermanos obispos de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. Habrá una serie de “encuentros” locales que tendrán lugar en todo el país el próximo año, y el proceso culminará con un Encuentro Nacional programado para septiembre de 2018, en Texas.

El objetivo es formar líderes e inspirar a los hispanos, y de hecho a toda la Iglesia, con un nuevo sentido de nuestra “misión continental” para así difundir el Evangelio y construir el Reino de Dios en el continente americano.

En mis oraciones de esta semana pasada en Roma, he tenido en el pensamiento las elecciones que se están preparando allá en casa, en Estados Unidos.

Mi amigo, el obispo Thomas J. Olmsted, de Phoenix, publicó la semana pasada la nueva edición de “Católicos en la plaza pública”. Yo tuve el privilegio de escribir la introducción y lo recomiendo como una sólida guía para reflexionar acerca de los desafíos que enfrentamos al dar testimonio de la visión de la Iglesia con respecto a la vida y a la sociedad humanas.

Dar un testimonio alegre y permanecer fieles al Señor ha de ser siempre nuestro reto. Lo que está en juego son cosas de un valor cada vez más elevado, y las cuestiones a abordar, más complicadas conforme nuestro mundo se va alejando más de Dios.

Durante esta temporada de elecciones, me he dado cuenta de que mucha gente parece estar desanimada. Puedo entender esa tentación. Pero es algo que hay que superar. Podemos observar lo que sucede en nuestra sociedad y pensar que nunca podrá cambiar, que hemos empezado a bajar por una pendiente y que ya es demasiado tarde para dar media vuelta; que hay demasiado dinero e intereses propios involucrados; demasiados “falsos ídolos” y falsas ideas acerca de la libertad y la felicidad.

Estoy seguro de que los primeros cristianos veían del mismo modo al Imperio Romano. Estoy seguro de que las dificultades que enfrentan en este momento les parecen algo imposible de remediar a nuestros hermanos y hermanas cristianos que sufren la persecución en Medio Oriente y África.

Sin embargo, vale la pena recordar que la Iglesia es la institución más antigua de la historia humana. Los imperios se han derrumbado, las naciones y los movimientos políticos han surgido y han caído. Y lo que queda y sigue con vida en todos los rincones del mundo es la Iglesia que Jesús estableció sobre la roca de San Pedro.

También, esta semana, cuando vimos al Papa Francisco, estaba pensando que fue exactamente hace un año que el sucesor de San Pedro hizo su peregrinación a Estados Unidos.

Y durante esta visita, una y otra vez, nos llamó a recordar nuestra gran misión de discípulos de Jesús, nuestra gran misión como Iglesia.

Él dijo: “La Iglesia… recorre los senderos impregnados del polvo de la historia, tan a menudo atravesados por conflictos, injusticias y violencia, con el fin de encontrarse con sus hijos, nuestros hermanos y hermanas. Las personas santas y fieles de Dios no han de temer el extraviarse por el camino sino el llegar a encerrarse en sí mismas, cristalizándose en élites que se aferren a su propia seguridad”.

¿No será que estas elecciones, que estos tiempos en los que estamos viviendo tengan por objeto el llegar a sacudirnos, el despertarnos de nuestros hábitos rutinarios, de las medias tintas que hemos aceptado en nuestra vida cristiana? ¿No será que Dios nos está llamando a reconocer que no podemos permanecer en nuestra comodidad, que ya no tenemos la seguridad de poder vivir en una sociedad que reafirme y apoye nuestros valores?

Nuestro país necesita una renovación. Y no sólo una renovación política. Necesitamos una renovación moral, espiritual y cultural. Una renovación de las que llevan más tiempo. Porque no se trata aquí de elecciones o de candidatos o de políticas. El tipo de renovación al que me refiero es una renovación personal, que nos afecta a nosotros.

La renovación que nuestra nación necesita empieza en el corazón de ustedes y en el mío. Comienza en nuestras familias y en nuestras parroquias. E implica saber quiénes somos, de dónde venimos y por qué estamos aquí. Implica conocer —y vivir— el hermoso plan de Dios para nuestras vidas.

Hace un año, el Papa Francisco le dio a la Iglesia de Estados Unidos un nuevo santo nacional, San Junípero Serra. Nos dijo que siguiéramos su ejemplo. Y sus palabras son un buen consejo para nosotros en las próximas semanas y años:

“El Padre Serra tenía un lema que inspiró su vida y obra, no una mera frase, sino, sobre todo una realidad que moldeó la manera en la que él vivió: ¡Siempre adelante! ¡Hay que seguir avanzando! Para él, éste fue el modo de seguir experimentando la alegría del Evangelio, de evitar que su corazón se adormeciera, se anestesiara. Él siguió avanzando, porque el Señor lo estaba esperando. Él siguió avanzando, porque sus hermanos y hermanas lo estaban esperando…, Ojalá nosotros podamos hoy, a ejemplo de él, ser capaces de decir: ¡Adelante! ¡Vamos a seguir avanzando!”.

Oren por mí esta semana y yo oraré por ustedes.

Y pidámosle a Nuestra Señora de Guadalupe que nos ayude a seguir avanzando, siguiendo, siempre adelante con nuestra misión, que nos ayude a lograr un nuevo encuentro con nuestros hermanos y hermanas.

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