SANTA TERESA DE CALCUTA, ¡RUEGA POR NOSOTROS!

By Archbishop Gomez
September 12, 2016
Source: Vida Nueva
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Esta semana les estoy escribiendo desde Bogotá, Colombia. He tenido el privilegio de ser invitado a participar en la celebración del Jubileo extraordinario de la Misericordia en el continente americano, convocado por la Comisión Pontificia para América Latina y por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

Es una gran reunión, de cientos de hombres y mujeres provenientes de Canadá, Estados Unidos, Centroamérica y Sudamérica y del Caribe. Me acompañan 15 cardenales y más de 120 de mis hermanos obispos de todas las naciones del continente americano.

Durante estos días estaremos orando juntos y reflexionando acerca de los grandes santos del continente americano, y de los retos que conllevan la evangelización y la misión de misericordia de la Iglesia.

Este fin de semana, cuando vuelva a casa, me uniré a la familia de Dios en Los Ángeles para una Misa especial en Acción de Gracias por la canonización de la Madre Teresa de Calcuta, que será elevada a los altares por el Papa Francisco el 4 de septiembre.

Como ustedes saben, la Madre Teresa es una de mis Santas favoritas. Ella es testigo de la misericordia y de la santidad y una fuente de inspiración para mi vida espiritual y para mi ministerio de servicio.

Es una alegría para mí verla elevada a los altares como la Santa más reciente de la Iglesia universal. Después de nuestra Misa especial, bendeciré también una nueva capilla en nuestra Catedral, dedicada a nuestra nueva Santa. La capilla incluirá una reliquia de primera clase, así como también fotografías y otros recuerdos de varias visitas que nuestra nueva Santa hizo a Los Ángeles.

De modo que espero que se unan a mí este domingo 4 de septiembre por la tarde, a las 3:30 p.m., en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles.

La Iglesia es hermosa en sus santos. Uno de los Padres de la Iglesia dijo esto hace mucho tiempo. Y es cierto.

Y como lo he dicho antes, es hermoso reflexionar acerca de tantos Santos, Beatos, Venerables y Siervos de Dios que han vivido, trabajado y caminado por estas calles de Los Ángeles.
Esta es verdaderamente una ciudad de santos.

Los santos son testigos vivos de Jesucristo en todas las épocas y en todas las culturas. Ellos nos muestran lo que el seguimiento de Cristo implica en la “vida real”, así como también la manera de cumplir el plan de Dios para nuestras vidas, el cual consiste, para cada uno de nosotros, en irnos pareciendo más a Jesús cada día que pasa, y en llegar a ser santos nosotros también.

La santa más reciente de la Iglesia, la Santa Madre Teresa de Calcuta, fue probablemente el rostro cristiano más familiar de nuestra generación. Sus humildes obras de amor, realizadas a favor de las personas que estaban abandonadas y desamparadas en una ciudad remota de la India, se convirtieron para todo el mundo en un signo de la ternura y el amor misericordioso de Dios.

La Madre Teresa renunció a su posición privilegiada y a todas sus posesiones para vivir como una más de las personas pobres y olvidadas del mundo, para llevarles la luz de Cristo y el amor de Dios. Su mensaje para el resto de nosotros fue directo: hemos de buscar nuestra salvación en el Dios que viene hacia nosotros en los pobres y en los marginados. Hemos de buscar a Jesús entre quienes están en los límites de la sociedad, bajo lo que ella llamaba “su disfraz de miseria”.

Una y otra vez, la Madre Teresa nos recordó que nuestro amor por los pobres sería la medida de nuestro amor a Dios. Amamos a Dios tanto como amemos a los más vulnerables y despreciados entre nosotros. Lo que les damos a ellos, se lo damos a Él. El amor que les negamos a ellos es amor que le negamos a Dios.

A través de su amor por los pobres y los moribundos, por los no nacidos y por los discapacitados, a través de sus obras de misericordia y de su trabajo por la paz y la justicia, ella nos mostró el mundo como Dios quiere que sea.

Como San Francisco hizo muchos siglos atrás, la Madre Teresa predicó el Evangelio con su vida. Y el amor fue el lenguaje que utilizó. Ella entendió que sólo el amor es creíble en un mundo en el que cada vez hay más personas que se han alejan de Dios y que viven como si Él no existiera.

Por eso los santos son tan importantes. Porque nuestro mundo se convertirá, no por las palabras y los programas, sino por los testigos. Por personas que darán testimonio, a través de la forma en que viven, de que Jesucristo es real y de que su Evangelio tiene el poder para cambiar vidas. Nuestro mundo sólo podrá ser convertido por los santos.

Dios nos llama a todos a la santidad, a ser santos. Tal vez no de aquellos santos que son conocidos a nivel mundial, como la Madre Teresa lo fue. Pero Dios nos está llamando a todos a ser santos de la vida cotidiana, para dar testimonio de su amor en los acontecimientos ordinarios y en las actividades de nuestra vida diaria.

Oren por mí esta semana y yo oraré por ustedes.

Y ojalá nos entreguemos a la Santísima Virgen María, como lo hizo la Santa Madre Teresa. Y que María nos ayude a amar a ejemplo de Santa Teresa de Calcuta, haciendo de nuestras vidas algo hermoso para ofrecerle a Dios.

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