REFLEXIONES ACERCA DE 'LA ALEGRíA DEL AMOR'

By Archbishop Gomez
April 13, 2016
Source: Vida Nueva
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Amoris Laetitia (“La Alegría del Amor”) es un documento profundo e importante.

El Papa Francisco nos ha pedido que leamos poco a poco y con paciencia su nueva exhortación apostólica sobre el matrimonio y la familia. Y he estado tratando de hacer precisamente eso desde que desde que ésta fue publicada la semana pasada.

Ha habido casi un frenesí de reacciones en los medios de comunicación; gran parte de ellas bastante confusas ya que diferentes grupos han tratado de “interpretar” el documento de acuerdo a sus propios puntos de vista personales.

El Papa expresa claramente que no tiene ninguna intención de cambiar la doctrina o la enseñanza de la Iglesia. En lugar de ello, quiere cambiar nuestros corazones para que podamos conocer y vivir mejor lo que él llama “el designio divino primordial” para nuestras vidas y para nuestra sociedad.

“La Alegría del Amor” es una declaración apasionada y personal.

El Papa se inspiró y obtuvo ideas a partir de santos y poetas e incluso de películas. Él hace un llamado a “regresar” a los dos pilares de la enseñanza de la Iglesia moderna: Humanae Vitae (“A propósito de la Vida Humana”), del Beato Pablo VI y Familiaris Consortio (“A propósito de la familia en el mundo moderno”), de San Juan Pablo II. El Papa incluye una larga cita sobre el amor y la resistencia del líder estadounidense de los derechos civiles, Martin Luther King, Jr.

El documento es una reflexión sobre el Sínodo de los Obispos del año pasado, que reunió a obispos de todas las naciones para reflexionar acerca de la manera de fortalecer los matrimonios y las familias de nuestro tiempo.

Tuve el privilegio de ser uno de los cuatro delegados elegidos para representar a los Estados Unidos. Y lo que vi durante el sínodo, que tuvo un mes de duración, lo veo en este nuevo documento: el Papa Francisco está profundamente comprometido con estas cuestiones. Él sabe que el matrimonio y la familia son una parte central del plan de Dios. Sabe también que en nuestros tiempos el significado de estas instituciones se ha prestado a confusiones y disputas y que se ha visto amenazado.

El Papa escribe acerca de los retos sustanciales que enfrenta la familia, entre los cuales están la pobreza, la migración, el abuso y el tráfico de personas, así como también los cambios en la economía mundial. Pero él ve que las amenazas más graves provienen de los “cambios antropológico-culturales” que cuestionan la naturaleza misma de la persona humana.

En el corazón de la vida moderna, el Papa percibe un “individualismo extremo” que “hace a la persona incapaz de mirar más allá de sí misma”. Nuestra sociedad de consumo y los medios de comunicación sólo contribuyen a profundizar más nuestro egoísmo y a fomentar una “cultura de lo efímero”.

La gente ha llegado a creer “que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquear rápidamente”, escribe el Papa. “Todo es descartable, cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva. Después, ¡adiós!”.

El Papa es muy crítico con respecto a algunas de las orientaciones que están tomando los Estados Unidos y otras sociedades de Occidente.

Él tiene palabras fuertes qué decir acerca del aborto, la eutanasia, la pena de muerte y “la desconstrucción jurídica de la familia”. Y está profundamente preocupado por la “ideología del género”, que rápidamente se está convirtiendo en “absoluta e incuestionable, e incluso dictatorial” en nuestras sociedades.

En “La Alegría del Amor”, el Papa Francisco nos recuerda una y otra vez que el matrimonio y la familia son el “camino” establecido por Dios para la creación y una “vocación” para la persona humana.

Él escribe como un pastor sabio sobre el significado del amor conyugal, de las alegrías de la maternidad y la paternidad, y del don que son los hijos. Él tiene palabras tiernas de agradecimiento para las parejas cuyo amor de casados dura toda la vida: “Así como el buen vino se empieza a ‘añejar’ con el paso del tiempo, así también la experiencia cotidiana de la fidelidad le da a la vida conyugal la riqueza y el ‘cuerpo’… Así el amor, presente desde el principio, se vuelve más consciente, asentado, madurado, conforme la pareja va redescubriéndose día tras día, año tras año”.

El capítulo en que el Papa habla sobre “el amor en el matrimonio” debería ser leído en todo hogar católico y por todo pastor y ministro de la Iglesia.

Este capítulo es como una “guía” sobre la manera de ser casados y de permanecer casados cuando las cosas se ponen difíciles. Está lleno de una gran riqueza de conocimientos prácticos y de consejos acerca de las relaciones mutuas y del amor.

“El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad”, escribe el Papa.

En estas páginas hay una sabiduría que se deriva de años de atender el confesionario, y de años de fungir como pastor de almas y consejero de cónyuges y de familias.

“El verdadero amor valora los logros ajenos”, escribe. “No los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia. Acepta que cada uno tiene dones diferentes y distintos caminos en la vida. Entonces, procura descubrir su propio camino para ser feliz, dejando que los demás encuentren el suyo”.

El Papa Francisco es una persona realista. Conoce la debilidad humana, las imperfecciones, las limitaciones y el pecado. Él entiende cómo el dolor de las experiencias pasadas puede afectar las relaciones humanas.

Me conmovió la llamada del Santo Padre para que todos nosotros los miembros de la Iglesia extendamos una mano compasiva hacia las familias heridas y hacia las personas cuyos matrimonios han terminado en la separación o el divorcio.

A lo largo de “La Alegría del Amor”, el Papa Francisco afirma que el matrimonio es más que un ideal humano; es un sacramento divino, un signo y un instrumento de la gracia de Dios.

La Iglesia debe proclamar “el designio de Dios en toda su grandeza”, escribe. Y reafirma la “exclusividad indisoluble” del matrimonio, tanto en las enseñanzas de la Iglesia, como en la práctica pastoral.

La unión matrimonial “es real, es irrevocable, y ha sido confirmada y consagrada por el sacramento del matrimonio”, escribe. Y Dios quiere que el matrimonio sea el medio por el cual los cónyuges crezcan en santidad, para que traigan hijos al mundo y para que los críen.

Pero el Papa reconoce, como todos nosotros, que las relaciones pueden llegar a romperse y que los matrimonios pueden separarse. Y tenemos que responder con misericordia y sensibilidad al cuidar de aquellos que sufren y pasan por situaciones difíciles.

Nuestro Santo Padre escribe directamente: “El divorcio es un mal, y es muy preocupante el crecimiento del número de divorcios. Por eso, sin duda, nuestra tarea pastoral más importante con respecto a las familias, es fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas, de manera que podamos prevenir el avance de este drama de nuestra época”.

En lo personal, me sentí inspirado y alentado por lo que el Papa dice acerca de la preparación de los hombres y mujeres para el matrimonio y sobre nuestra necesidad de acompañar a las parejas, especialmente durante esos primeros años en los que apenas están empezando a recorrer su camino de vida en común.

Desde antes del sínodo hemos estado abordando ese tema aquí, con la ayuda del Consejo Pastoral Arquidiocesano y de nuestra Oficina para la Vida Familiar. Tenemos mucho que aprender de “La Alegría del Amor” y eso nos dará aún más temas de discusión y reflexión para nuestros planes y trabajo pastorales.

Como escribe el Papa: “Aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa ni puede ser el objetivo de un breve curso previo a la celebración del matrimonio. En realidad, cada persona se prepara para el matrimonio desde su nacimiento”.

Él nos previene acerca de una visión idealista del matrimonio, que implica “expectativas demasiado altas sobre la vida conyugal”. Y nos pide insistentemente que le enseñemos a los jóvenes que cada matrimonio es un ser vivo, y que “al unir sus vidas, los cónyuges asumen un papel activo y creativo en un proyecto que dura toda la vida”.

“Es posible el cambio, el crecimiento, el desarrollo de las potencialidades buenas que cada uno lleva en sí”, escribe el Papa. “Cada matrimonio es una «historia de salvación», y esto supone que se parte de una fragilidad que, gracias al don de Dios y a una respuesta creativa y generosa, va dando paso a una realidad cada vez más sólida y preciosa. Quizás la misión más grande de un hombre y una mujer en el amor sea esa, la de hacerse el uno al otro más hombre o más mujer”.

Esta semana, oremos unos por otros y por todas las parejas casadas, así como también por las familias. Oremos especialmente por las parejas recién casadas y por las parejas que están enfrentando dificultades.

Y sigamos buscando nuevas maneras de despertar en la gente la capacidad de ver el matrimonio y la familia como un camino de Dios para sus vidas, y de llamarlos a esta aventura de un amor que dura toda la vida y que se hace más profundo al compartir las alegrías, las dificultades y el hecho de traer nueva vida al mundo.

Pidámosle a la Santísima Virgen María y a San José, que conocieron las alegrías del amor matrimonial y de tener un hijo, que nos ayuden a todos nosotros a tener un conocimiento más profundo de lo que Dios nos ofrece para nuestra verdadera felicidad como hombres y mujeres.

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