RECORDANDO NUESTRA HISTORIA

By Archbishop Gomez
September 27, 2014
Source: Vida Nueva
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Cada pueblo tiene una historia que contar acerca de sus comienzos. Una historia que explica de dónde proceden sus integrantes y cómo llegaron ahí. Una historia que los ayuda a tomar conciencia de su identidad, de lo que son como personas.

Todos conocemos la historia de los comienzos de los Estados Unidos. Es la historia de los Peregrinos y del Mayflower. Es la historia de líderes como Washington, Jefferson y Adams, y de las grandes ideas como la libertad religiosa, la democracia y los derechos individuales.

Esta parte de la historia de Estados Unidos es importante. Todo estadounidense debería tener conocimiento sobre los hombres y mujeres y sobre los acontecimientos y las ideas que dieron forma a este gran país.

Pero en estos últimos años hemos empezado a darnos cuenta de que hay algo que le falta a este relato. La historia de los orígenes de Estados Unidos no es inexacta. Lo que pasa simplemente es que no es completa.

Ese es uno de los temas sobre los que escribí en mi pequeño libro publicado el año pasado: Inmigración y el futuro de Estados Unidos de América: Renovando el alma de nuestra nación.

El debate sobre la inmigración ha sido duro. Pero en este debate hemos ido tomando conciencia de la rica herencia hispana y de la creciente presencia e influencia hispanas en nuestro país.

Estamos empezando a ver que necesitamos una nueva perspectiva sobre nuestra historia para poder entender nuestro presente y nuestro futuro y para poder prepararnos para el futuro de Estados Unidos.

“No pueden entender a más de 50 millones de sus compatriotas estadounidenses si no conocen esta historia”, escribe Ray Suárez en Latinoamericanos: El legado de 500 Años que modeló a una Nación. “Y, lo que es aún más importante, no podrán entender a la América que está un poquito más allá del horizonte si no conocen esta historia. La historia de los latinos es también la historia de ustedes. La historia de los latinos es nuestra historia”.

Suárez escribió su libro para acompañar a un documental del mismo nombre producido por PBS el año pasado.

Su libro forma parte de una nueva ola de estudios que han salido a luz en los últimos años, todos ellos buscando explorar las raíces y la experiencia hispanas en Estados Unidos.

En este último año, hemos visto dos biografías del misionero pionero, el Beato Junípero Serra: Viaje hacia el sol (Journey to the Sun), de Gregory Orfalea, y Junípero Serra: el Padre Fundador de California (Junípero Serra: California’s Founding Father), de Steven Hackel.

Hackel, si se recuerdan, estuvo a cargo de una importante exposición en el Huntington el año pasado: “Junípero Serra y el legado de las misiones de California”.

Este año también hemos visto dos historias interesantes, Al Oeste de la Revolución: una historia poco común del año 1776 (West of the Revolution: An Uncommon History of 1776), de Claudio Saunt, y Nuestra América: Una historia hispana de los Estados Unidos (Our America: A Hispanic History of the United States), de Felipe Fernández-Armesto.

Cada uno estos libros tiene sus propias cualidades y defectos. Pero vale la pena leerlos porque, en conjunto, empiezan a presentarnos una nueva imagen, una historia alternativa, la otra parte de la historia.

Ahí nos damos cuenta de que los hispanos estuvieron aquí desde el principio. Los católicos fundaron el asentamiento más antiguo de Estados Unidos, en St. Augustine, Florida, en 1565, toda una generación antes de Jamestown o de los peregrinos.

En esta historia alternativa, nos encontramos con líderes como el gran cubano-americano, José Martí.

Nos encontramos con héroes de guerra, como Macario García. En la Segunda Guerra Mundial, él fue condecorado con el Corazón Púrpura, el más alto honor militar de nuestra nación. Pero cuando regresó de la guerra, se negaron a servirle en un restaurante de su ciudad natal.

Lamentablemente, la realidad hispana —como es el caso de la experiencia de los nativos americanos, de los afroamericanos y de otros grupos de inmigrantes— ha estado marcada por la discriminación.

También tenemos que conocer esta historia. Como, por ejemplo, el triste caso del “gran secuestro de huérfanos” que tuvo lugar en 1904, cuando los vigilantes secuestraron a 40 huérfanos irlandeses que las Hermanas de la Caridad habían intentado colocar en familias mexicanas.

Estas nuevas historias, desafortunadamente, no están tan interesadas en la identidad religiosa o en las tradiciones que los hispanos trajeron a este país. Esta es un área en la que la Iglesia puede contribuir a través de nuestros programas de educación religiosa, los medios de comunicación, y del ministerio hispano.

Tenemos que contar las historias de los misioneros que llegaron primero a este país, y las historias de los grandes santos y beatos hispanos. Tenemos que recordar que México fue la cuna original del cristianismo en el Nuevo Mundo.

Este es el Mes Nacional de la Herencia Hispana (del 15 de septiembre al 15 de octubre). Así que es un buen momento para que reflexionemos sobre el pasado y el futuro hispanos de Estados Unidos.

La historia de Estados Unidos no ha terminado. Así que les pido que sigamos rezando unos por otros y por nuestro país.

Sigamos trabajando por el hermoso ideal de los fundadores de los Estados Unidos —e pluribus unum— para crear un solo pueblo desde la diversidad de pueblos, razas y credos que han llegado a llamar a esta tierra su hogar.

Que Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de la Nueva Evangelización, nos guíe y fortalezca en nuestra búsqueda por renovar el alma de nuestra nación.

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