PROCLAMAR EL MISTERIO DEL AMOR FAMILIAR

By Archbishop Gomez
November 10, 2015
Source: Vida Nueva
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Me llena de alegría estar escribiéndoles esta semana desde Los Ángeles. ¡Qué bueno es poder estar de vuelta en casa!

El Sínodo de los Obispos sobre la familia concluyó hace pocas semanas. Como les hemos estado informando, los Padres sinodales trabajamos arduamente durante tres semanas, y al final entregamos al Santo Padre un documento que ofrece buenas y sólidas perspectivas pastorales respecto a los problemas que enfrentan la Iglesia y la familia en la sociedad moderna.

Me alegra que el documento final haya señalado con firmeza la enseñanza tradicional de la Iglesia de que el plan de Dios para el matrimonio es que un hombre y una mujer estén unidos en el amor, para toda la vida. Todo el documento hace uso de un hermoso lenguaje, extraído de las Escrituras, que describe el plan de Dios para la familia.

El documento incluye también convincentes pasajes sobre la importancia de que las familias tengan hijos, sobre la santidad de la vida y la importancia de los hijos como el futuro de la Iglesia. Los padres sinodales se pronunciaron persuasivamente también sobre los retos de la inmigración global y sobre los efectos que esto tiene en la familia, lo cual es una realidad que vemos todos los días aquí en Los Ángeles.

Hay también un urgente llamado que recalca la necesidad de proteger a los ancianos y a las personas con discapacidad contra el creciente movimiento a favor de la eutanasia y del suicidio asistido. Lamentablemente, esto es también una realidad a la que ahora tenemos que hacer frente en California.

En su homilía final de cierre del Sínodo, el Papa Francisco nos instó, como pastores, a seguir caminando con nuestro pueblo, “con los ojos fijos en Jesús y en nuestros hermanos y hermanas, en la búsqueda de los caminos que el Evangelio nos indica para nuestros tiempos, de manera que podamos proclamar el misterio del amor familiar”.

Fue una gran bendición para mí tener este tiempo para rezar y reflexionar con el Santo Padre, el Papa Francisco, y con mis hermanos obispos de todo el mundo.

He regresado con una energía renovada y con nuevas ideas sobre el fortalecimiento de la vida matrimonial y familiar, que, como sabemos, es una de mis cinco prioridades pastorales para la familia de Dios aquí en Los Ángeles.

Antes del Sínodo y con la ayuda de nuestra Oficina para la Vida Familiar y del Consejo Pastoral Arquidiocesano, realizamos una encuesta acerca de los programas para la vida familiar con que contamos en la Arquidiócesis. Ahora es el momento para que estudiemos esos resultados y para que busquemos nuevos enfoques y las “mejores prácticas” para las parejas y familias.

Yo opino que tenemos que fijarnos sobre todo en la manera como preparamos a las parejas para el matrimonio y como los apoyamos en los tan críticos primeros años de su matrimonio. Creo también que tenemos que considerar los desafíos que las familias enfrentan debido a la pobreza, las circunstancias económicas y la situación migratoria.

Respecto a esto, estoy más convencido que nunca de que tenemos que tratar de hacer que las Escuelas Católicas estén más accesibles para las familias, especialmente para las familias necesitadas. Me pareció muy bueno que el documento final del Sínodo reconociera el papel vital que las Escuelas Católicas desempeñan en cuanto al apoyo que les brindan a las familias católicas y a la formación en las virtudes y en la fe.

Creo también que tenemos que apoyar a las familias en su vida espiritual. Tenemos que ayudar a las familias a sentirse cómodas al orar juntas y al hablar de su fe.

¡Las familias están tan ocupadas y tan distraídas con el trabajo, las tareas y los deberes diarios! Tenemos que encontrar maneras de favorecer que se reúnan para la oración, el compañerismo, la amistad y simplemente para pasar el tiempo juntos.

Tenemos que ayudarles a desarrollar tradiciones y hábitos familiares que hagan que su fe sea una parte más importante dentro de los ritmos naturales de su vida cotidiana. Compartir la comida del domingo, después de la Misa, sería un ejemplo de esto. Y también buscando encontrar más tiempo durante la semana para cenar juntos.

En nuestra economía global, las familias están también cada vez más separadas y en continuo movimiento. Los hijos a menudo viven y trabajan lejos de sus padres y abuelos, ya sea del otro lado del país o del otro lado del océano o de la frontera.

De modo que tenemos que encontrar formas de mantener a las familias unidas. Y unidas en su fe. Algunas familias ya están utilizando algunos de los medios de comunicación social -Facebook, Instagram, Google Hangouts, Skype y WhatsApp- para mantenerse conectadas.

Podemos alentarlos a usar estos medios y también ayudar a las familias a encontrar nuevas maneras para que puedan pasar el tiempo juntas, rezar y compartir sus desafíos. En mi opinión, sólo hemos empezado a explorar las posibilidades de usar las redes sociales para apoyar a los matrimonios y familias y para compartir nuestra fe.

También creo que tenemos que alentar a todos los miembros de la Iglesia -y a todos los miembros de cada familia- a vivir su llamado a ser misioneros, misioneros de la familia.

Este es un gran momento en nuestra sociedad para que todos nosotros salgamos y compartamos con las personas de nuestra sociedad -especialmente con los jóvenes- la belleza del plan de Dios para la creación, para el matrimonio y para la familia.

Sigamos entonces orando unos por otros esta semana. Oremos por las parejas que están casadas y aquellas que están a punto de casarse. Y pidamos la gracia de encontrar nuevas formas de apoyar a las familias y de proclamar el hermoso plan de Dios para la familia.

Y que nuestra Santísima Madre María, su esposo San José y el Niño Jesús velen por nuestras familias y las guíen.

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