'PASAR NUESTRAS CUENTAS' Y EL SIGNIFICADO DE HACERLO

By Archbishop Gomez
May 20, 2016
Source: Vida Nueva
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El Rosario es una parte del ritmo de mi vida diaria. Ha sido así durante mucho tiempo ya.

Mis padres me enseñaron a rezar el Rosario cuando era niño. Siempre nos enseñaron a mis hermanas y a mí que teníamos una Madre en el Cielo que nos ama, así como teníamos también una madre en la Tierra que nos ama.

El Rosario que uso actualmente le perteneció a mi madre. Ella lo recibió el día en que fui ordenado sacerdote, en el Santuario de Nuestra Señora de Torre en España, hace casi 40 años. Mi ordenación fue un hermoso momento de mi vida y también de la vida de mi familia. Y mi madre rezó con este Rosario hasta poco antes de morir.

Recientemente compartí una foto de mi Rosario y unas cuantas palabras acerca de su procedencia en mis canales de las redes sociales: Facebook, Instagram y Twitter. Creamos un hashtag -#MyRosaryStory (la historia de mi Rosario)- e invitamos a otros a compartir fotos e historias sobre sus Rosarios.

La respuesta fue abrumadora. Solamente en Facebook el mensaje llegó a cerca de 1,2 millones de personas. Hubo 10 mil “me gusta” y fue compartido más de 5 mil veces. Más de 500 personas añadieron sus propias historias.

Los números no son lo que me importa, lo que importa es la profundidad del amor de la gente por Jesús y María. ¡Lo que importa es que estamos rezando el Rosario! Realmente creo que el Rosario es una clave para el crecimiento de nuestra amistad con Jesús y para nuestro seguimiento de Él como discípulos misioneros.

He estado pensando mucho sobre el Rosario en este mes de María. Hemos reflexionado sobre la oración en esta columna durante las semanas de Cuaresma y Pascua, concluyendo nuestras reflexiones sobre el Padre Nuestro la semana pasada.

Y estaba pensando que el Rosario se parece mucho al Padre Nuestro: se trata de una oración familiar que nos enseña todo el Evangelio. Es la oración que hacemos como hijos de Dios que están mirando la vida de Jesucristo a través de los ojos de su Madre, que también es nuestra madre.

Esto lo vemos en muchas de las historias familiares que la gente ha estado compartiendo, en #MyRosaryStory. Ésta es tan solo una de entre los cientos de historias que ustedes pueden leer en mi página de Facebook:

“Compré un hermoso Rosario azul justo después de que mi hija de 8 años de edad, fuera diagnosticada con leucemia. El azul del Rosario hacía juego con el de sus ojos. Si bien he rezado incontables Rosarios durante los dos años y medio que lleva de tratamiento, ella también lo sostuvo en sus manos durante todos y cada uno de los procedimientos a los que se le sometió. Todos los anestesiólogos y las enfermeras comentaban sobre lo hermoso que era el Rosario, y cuando ella despertaba en el cuarto de recuperación, el Rosario siempre estaba ahí, entrelazado entre sus pequeños dedos. Este sábado marca el último día de su tratamiento y le voy a dar el Rosario para que ella lo conserve. Gracias Santísima Madre, por cuidar de mi pequeñita y por interceder en su favor. Ella ha quedado libre de cáncer y tiene salud gracias a ti. Alabado sea Jesús”.

Si rezamos el Rosario todos los días, empezamos a ver nuestras vidas a la luz del plan de Dios para nosotros. Los misterios de nuestra vida se entretejen con los misterios de la vida de Jesús; desde las alegrías de su nacimiento y de su infancia escondida, pasando por la luz que proyectó en la Tierra con su predicación, por sus enseñanzas y curaciones de los enfermos, hasta los dolores de su sufrimiento y muerte y, finalmente, llegando a la gloria de la nueva creación que empieza con su resurrección.

Así como en el caso del Padre Nuestro, el Rosario es una oración contemplativa que lleva a la acción. En el corazón del Rosario están las palabras de María en las bodas de Caná, en el segundo misterio luminoso: “Hagan lo que él les diga”. Nos encontramos con esta misma base espiritual en el corazón del Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad”.

Al rezar el Rosario como hijos de Dios y como hijos de María, llegamos a comprender que el centro de nuestras vidas “no somos nosotros”. Nuestras vidas están destinadas a ser vividas para Dios y para los demás; para nuestra familia y amistades, para la gente de nuestra sociedad, especialmente para los pobres y vulnerables. Se trata de vivir para hacer la voluntad de Dios, no la nuestra.

Existe una vieja expresión para decir que se reza el Rosario: “Pasar nuestras cuentas”. Pueden encontrar esta expresión algunas veces, cuando leen libros antiguos; por ejemplo: “La mujer se sentó en silencio, pasando sus cuentas”.

Y las cuentas que pasamos, tienen una historia propia qué contar: una historia de familia y de fe, una historia de amor a Jesús y a María.

Así que esta semana, “pasemos nuestras cuentas” unos por otros. Y pidámosle a nuestra Madre Santísima que ore por nosotros, para que nuestras propias historias puedan llegar cada vez más a formar parte de la hermosa historia de la salvación que Dios está escribiendo en nuestro mundo.

Ustedes pueden unirse al Arzobispo Gomez compartiendo una foto de su Rosario con #MyRosaryStory en Twitter, Instagram y Facebook. ¡Y luego, inviten a tres de sus amigos a que ellos también compartan sus historias!

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