'NUESTROS HERMANOS Y HERMANAS ESTáN AFLIGIDOS Y TEMEROSOS'

By Archbishop Gomez
December 14, 2016
Source: Vida Nueva
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Nota del editor: El 10 de noviembre, dos días después de la elección presidencial de Estados Unidos, el Arzobispo José H. Gomez organizó un servicio de oración interreligiosa por la esperanza y la unidad, en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles. Entre los participantes estuvieron el Alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, así como también líderes judíos, musulmanes y cristianos. El texto que sigue fue adaptado a partir de la homilía del arzobispo, que fue pronunciada en español e inglés.

Estamos aquí esta noche porque nuestro pueblo está sufriendo y se siente asustado. Estamos aquí para escuchar sus voces, porque sienten que están siendo olvidados.

En nuestro país, tenemos que empezar a construir puentes y a unir a las personas. Necesitamos llegar a los que están sufriendo. Éste es el momento de construir la unidad y de sanar a las comunidades a través de nuestro amor al prójimo y de nuestro cuidado por los necesitados.

Por eso estamos aquí esta noche. No por motivos políticos sino para atender a las personas.

Estamos ante la presencia de Dios, que es nuestro Padre del Cielo, y nosotros somos sus hijos. Y eso significa que todos somos hermanos y hermanas.

Acabamos de escuchar esas palabras de Jesús que dicen: “Yo les digo, amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que así puedan ser hijos de su Padre celestial”.

Esta es nuestra verdadera identidad; la identidad de cada uno de nosotros. No somos liberales o conservadores. Antes que nada, somos hijos de Dios.

Y estamos aquí esta noche porque nuestros hermanos y hermanas están afligidos y asustados.

En este último par de días a partir de la elección, varios niños de nuestras escuelas están asustados. Ellos piensan que el gobierno va a venir en cualquier momento para deportar a sus padres.

Ahora mismo -en toda la ciudad, y en las ciudades de todo el país- hay niños que se van a la cama asustados.
Hay hombres y mujeres que no pueden dormir porque están tratando de pensar qué hacer a continuación. Tratando de reflexionar sobre cómo proceder cuando el gobierno venga a separarlos de sus hijos y seres queridos.

Esto no debería estar sucediendo en Estados Unidos. No somos ese tipo de personas. Somos mejores que eso.
Mis queridos hermanos y hermanas, hemos permitido que este tema de la inmigración nos haya ido consumiendo como nación.

Nuestro sistema de inmigración ha sido defectuoso durante mucho tiempo. Nuestros líderes podrían haberse reunido y resuelto este problema en cualquier momento en los últimos 15 o 20 años.

En los últimos ocho años han sido deportadas más de 2 millones de personas y a nadie parece importarle. Excepto a esa pequeña que llega a casa por la noche y sabe que su padre ya no está…

Somos mejores personas que eso. No deberíamos aceptar que esto es lo mejor que podemos esperar, ni en nuestra política ni en lo que respecta a nosotros mismos.

Así que en esas condiciones estamos. En Estados Unidos, esta noche los niños tienen miedo. Los hombres y las mujeres están preocupados y llenos de ansiedad pensando a dónde pueden huir y esconderse. Esto es lo que está sucediendo esta noche, en nuestro país.
La solución no está en las palabras de enojo o en la violencia en las calles. Eso nunca soluciona nada; tan sólo enciende más el fuego.

Necesitamos ser gente de paz, gente de compasión. Practicar el amor y no el odio; la misericordia y no la venganza. Estas son las herramientas para reconstruir nuestra nación y renovar el sueño del pueblo estadounidense.

Esta noche le hacemos esta promesa a nuestros hermanos y hermanas indocumentados: nunca los dejaremos solos. ¡Estaremos con ustedes en las buenas y en las malas! Estaremos con ustedes en los buenos tiempos y en los malos; ustedes son de la familia. Somos hermanos y hermanas. ¡Seguiremos adelante con nuestra fe puesta en Dios y estamos seguros de que nuestra Santa Madre de Guadalupe nos ayudará!

Al reunirnos para orar por la unidad y para “sanar las heridas de la división”, esta noche oramos también por nuestros líderes, inclusive por nuestro Presidente electo. Que Dios les conceda sabiduría y misericordia, y un corazón que sepa percibir el dolor de los que sufren.

Oremos esta noche, de una manera especial, para que se despierte en el corazón de nuestros líderes la inspiración de hacer un hermoso y humanitario gesto. Oremos para que puedan unirse, en un espíritu de unidad nacional, y lleguen al acuerdo de detener la amenaza de las deportaciones hasta que podamos corregir nuestro defectuoso sistema de inmigración.

Y que Nuestra Señora de Guadalupe, la Madre de Jesús y Madre de todos los pueblos del continente americano, nos cuide y ayude para llegar a ser verdaderamente una nación bajo Dios.

¡Santa María de Guadalupe, ruega por nosotros, por nuestros líderes y por nuestro país! Amén.

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