NUESTRO DIOS ES EL DIO DE LOS VIVOS

By Archbishop Gomez
November 09, 2015
Source: Vida Nueva
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6 de noviembre de 2015.-Nuestro Dios es el Dios de los vivos, no de los muertos.

Hoy he estado pensando en estas palabras de Jesús.

Noviembre es el mes en que la Iglesia recuerda los muertos, a todos esos amigos y seres queridos que nos han precedido en la vida eterna, marcados por el signo de la fe.

Mi reflexión es que la manera en que pensamos sobre la muerte y la manera en que recordamos a nuestros difuntos dice mucho acerca de lo que creemos y de para qué vivimos.

El domingo pasado celebré la Misa del día de Todos los Santos en la catedral, y el lunes tuve el privilegio de celebrar la Misa por los Fieles Difuntos en el Cementerio Católico de la Asunción, en Simi Valley.

En estas dos liturgias podemos percibir el sentido y el destino de nuestra vida cristiana.

Nacemos para la eternidad. Cada uno de nosotros, sin excepción. Antes de nacer, cada uno de nosotros era un pensamiento amoroso en la mente de Dios, quien nos creó a cada uno con amor de Padre. Cada una de nuestras vidas es sagrada y única, cada uno de nosotros fue creado a imagen de Dios para ser hijos suyos en Jesucristo.

Nacidos del amor de Dios, estamos llamados a vivir en su amor y a difundir su amor hasta los confines de la tierra. Estamos llamados a ser santos. Estamos llamados a vivir como hermanos y hermanas en la Iglesia, que es la familia de Dios en la tierra, y a unirnos a la comunión de los santos en el cielo.

De modo que para nosotros como católicos, la muerte no es un final sino un cambio, un nuevo comienzo. El paso de esta vida a la vida eterna.

Me conmovió ver que tantos de ustedes acudieron a nuestra segunda celebración anual del Día de los Muertos, que tuvo lugar en el Cementerio del Calvario, en el Este de Los Ángeles.

Nuestro nuevo Obispo Auxiliar David G. O’Connell celebró una Misa por las almas de los Fieles Difuntos y luego encabezó una procesión alrededor del mausoleo del cementerio. Más de 3,000 personas estuvieron allí para honrar a sus difuntos en esta celebración familiar, colocando fotografías de sus seres queridos en los altares de la comunidad, entonando cantos, presentando ofrendas y compartiendo alimentos tradicionales a la hora de la comida.

Para mí, el Día de Muertos es un hermoso ejemplo de la riqueza de tradiciones de piedad popular y devoción dentro de la Iglesia, que expresan de forma profundamente personal la manera como se vive la fe y la espiritualidad en nuestras familias y hogares.

En mi opinión, una de las profundas heridas de la vida moderna es que muchas personas no parecen conocer el amor que Dios tiene en su corazón para ellos. Por lo mismo, viven sin un propósito para sus vidas, sin un sentido de su dignidad y de su destino como hijos de Dios.

Podemos percibir esto en la actitud de la sociedad hacia la muerte. En nuestra sociedad, vivimos todavía una especie de “negación” de la muerte. En parte, esto es natural. Tenemos temor a lo desconocido y queremos tratar de aplazar la muerte, de controlar la manera y la forma en que ha de llegar.

Pero este miedo a la muerte es un importante “hilo conductor” en el movimiento a favor de la eutanasia y del suicidio asistido por un médico en nuestro país y en todo el mundo occidental.

Como sabemos, nuestros líderes acaban de legalizar esta práctica en California. Entonces, nuestro reto en la Iglesia —en la catequesis, en nuestros ministerios de atención a la salud— es fomentar una nueva concientización de que la muerte no es un destino que se ha temer o “controlar”.

Tenemos que seguir proclamando las verdades que Jesús nos ha dado acerca de la vida y la muerte, y el hermoso misterio del designio amoroso de Dios para la creación y para cada una de nuestras vidas. Nuestro Dios es el Dios de los vivos y nos llama a construir una cultura que refleje nuestro sentido de la santidad y de la dignidad de la vida humana.

Por eso, el evento Christian Service 4Life ha sido tan importante para los jóvenes de nuestras parroquias y escuelas. Fue una gran oportunidad para transmitir nuestras creencias y valores cristianos y para servir de inspiración para que las generaciones futuras construyan una cultura de la vida.

Este año tuve la alegría de presenciar que más de 7,000 jóvenes de nuestras escuelas y parroquias asistieron, así como algunos de mis hermanos obispos y sacerdotes de toda la arquidiócesis.

El tema de este año fue “El camino hacia la santidad”. Este es el camino por el que queremos que nuestros jóvenes transiten, el camino que todos estamos llamados a recorrer.

Pidamos entonces unos por otros esta semana, y oremos por nuestros jóvenes.

Y que nuestra Santísima Madre María nos ayude a seguir creciendo en nuestra concientización de que nuestras vidas conllevan una gran dignidad y propósito. Y que ella nos ayude a compartir con nuestro prójimo nuestra fe en el Dios vivo.

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