NECESITAMOS VOLVER A ABORDAR EL TEMA DE LA RELIGIóN EN LA VIDA ESTADOUNIDENSE

By Archbishop Gomez
June 22, 2014
Source: Vida Nueva
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La semana pasada, en la reunión anual de primavera de los obispos de Estados Unidos, mis hermanos obispos y yo votamos, unánimemente, por mantener nuestro Comité “ad hoc” para la Libertad Religiosa por tres años más. 

El hecho de que necesitemos este Comité apunta a una realidad incómoda: que el compromiso original de nuestro país con la libertad religiosa ya no es algo seguro.

Para llamar la atención sobre las crecientes amenazas a nuestra libertad individual y a la libertad de la Iglesia, los obispos de Estados Unidos están nuevamente invitando a los católicos a llevar a cabo la tercera “Quincena por la Libertad” del 21 de junio al 4 de julio.

Este es un momento para que todos nosotros oremos por una renovación del compromiso de nuestra nación con la libertad, especialmente con la libertad de religión y de conciencia. 

Estoy leyendo un nuevo libro, muy bueno, sobre este tema, escrito por el cardenal Angelo Scola, de Milán, que se llama “No nos olvidemos de Dios: libertad de credos, de culturas y política” (en inglés, publicado por Image, $ 20).

El Cardenal Scola explica porqué la libertad de religión es un asunto crucial de los derechos humanos de nuestro tiempo, desde la persecución de los cristianos en África, el Medio Oriente y Asia, hasta los crecientes conflictos entre los creyentes y las autoridades seculares en América y Europa.

La lectura de este libro me hizo pensar que la Iglesia en este país debería abordar seriamente el tema del lugar que la religión tiene en la cultura estadounidense y en la vida pública. 

Probablemente es muy fácil para nosotros considerar la libertad religiosa y la libertad de conciencia como un hecho.

Pero muchos católicos y otros estadounidenses son inmigrantes procedentes de países que no tienen una tradición de libertad religiosa. Para muchos, las libertades más básicas de las que disfrutamos aquí, tal como poder orar e ir a la iglesia sin verse hostigados por ello, son libertades que nunca han conocido en sus países de origen.

Pero la religión siempre ha significado más que la oración y el culto en la cultura y la sociedad estadounidenses.

Los documentos fundacionales de Estados Unidos reflejan una visión del mundo esencialmente religiosa: que Dios es nuestro Creador y que Él guía el curso de los acontecimientos humanos.

Nuestra Declaración de Independencia establece que el fin del gobierno es defender los derechos dados por Dios a toda persona humana. La libertad religiosa es la “primera libertad” en la Declaración de Derechos de la Constitución, porque los fundadores de Estados Unidos sabían que una sociedad libre depende de poder contar con instituciones religiosas sólidas y con personas formadas en la moral y en las virtudes que emanan de la fe religiosa.

La pregunta que enfrentamos ahora como sociedad es si hemos “ultrapasado” lo que nuestros fundadores creían. Actualmente, muchas personas, especialmente nuestros líderes políticos y culturales, piensan que sí lo hemos hecho. Ellos creen que la visión religiosa del mundo que tenían los fundadores ya no es pertinente en nuestra época “post-moderna”.

Me preocupa esta dirección que está tomando nuestra cultura. En mi opinión, si nos olvidamos de que Dios es nuestro Creador, y si nos olvidamos de que los derechos humanos nos son dados por Dios y no concedidos por el gobierno, entonces perdemos la razón de la lucha contra la injusticia y por la promoción de la dignidad humana.

En la historia de nuestra nación, gran parte de nuestro progreso en la justicia social ha sido inspirado por la fe religiosa y construido sobre las luchas y sacrificios de los creyentes.

Los cristianos estuvieron entre los que estuvieron al frente de los esfuerzos por abolir la esclavitud y por dar a la mujer el derecho al voto. Las iglesias y sinagogas encabezaron el movimiento afroamericano por los derechos civiles y el movimiento de los trabajadores agrícolas. Fue un libro de un Trabajador Católico, llamado “La Otra América”, que desencadenó la “guerra nacional contra la pobreza” en la década de los sesentas. Los cristianos fueron los cimientos del movimiento pro-vida y de los movimientos por la paz.

Dada esta historia, es importante que los católicos y otros creyentes tomen un papel de liderazgo, como hombres y mujeres de fe, en los debates y conversaciones que están definiendo la dirección y la cultura de nuestro país.

Así que tenemos que seguir abordando, más ampliamente, el tema de la conciencia y la religión en la sociedad estadounidense.

Al abordar este tema como católicos, tenemos que recordar que nuestra fe en Jesucristo debe necesariamente tener consecuencias. No sólo en nuestras propias vidas y en nuestros propios hogares, sino también en la sociedad en la que vivimos. Como católicos, tenemos un punto de vista que nuestra sociedad necesita escuchar: una hermosa visión de la dignidad humana y de la sociedad humana que estamos llamados a compartir con nuestros prójimos.

Entonces, durante estas próximas dos semanas, durante esta “Quincena por la Libertad”, oremos unos por otros y por nuestro país, especialmente por nuestros líderes. 

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre, María Inmaculada, patrona de este gran país, que nos ayude a todos a crecer en nuestra comprensión de la importancia de la religión en nuestra sociedad.

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