LOS JóVENES TIENEN UN LUGAR EN EL PLAN DE AMOR DE DIOS

By Archbishop Gomez
February 08, 2014
Source: Vida Nueva
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Esta columna del Arzobispo es un mensaje personal a los jóvenes de la Iglesia. Es una adaptación de la homilía que pronunció en la Misa anual de la Semana de Escuelas Católicas, celebrada este año el 31 de enero, en la escuela secundaria Obispo García Diego en Santa Bárbara.

No suelo leer la revista Rolling Stone. Pero en su último número, la noticia de la portada es sobre nuestro Santo Padre, el Papa Francisco. Así que supongo que el Papa ya es oficialmente “cool” – porque la revista Rolling Stone lo dice.

Yo también admiro mucho al Papa. He tenido la bendición de reunirme con él y de celebrar la Misa con él. Él es un hombre santo, un hombre que conoce a Jesús y que quiere servirlo con toda su vida. ¡Y no hay nada más grande que eso!

Y desde su elección el año pasado, el Papa Francisco tiene a todo el mundo hablando de Dios, de la religión y de la relación de la fe con la vida. Y eso no es fácil de hacer en esta cultura, tan secular y tan preocupada con cosas como el entretenimiento y el dinero. Pero el Papa Francisco ha encontrado la manera de hacerlo.

Y nuestro Papa tiene un amor especial por los jóvenes. En la Jornada Mundial de la Juventud el verano pasado, les dijo a todos los jóvenes de la Iglesia:

“Queridos jóvenes, el Señor los necesita. También hoy llama a cada uno de ustedes a seguirlo en su Iglesia y a ser misioneros. ¡El Señor hoy los llama! … Ustedes son los que tienen el futuro… Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor… Queridos jóvenes, por favor, no sean observadores de la vida, métanse en ella… métanse en ella como hizo Jesús”.

Para eso los prepara la educación católica, ya sea en nuestras escuelas o en las clases de educación religiosa en la parroquia. Para que los jóvenes estén preparados. Para que ustedes puedan escuchar lo que Dios les está diciendo al corazón. Para que puedan responder a su llamado y seguir a Jesús con generosidad y valentía.

Queridos amigos jóvenes, Dios los ha creado. ¡Ustedes son hijos de Dios! Eso es algo impresionante.

Ustedes no aparecieron en esta tierra de la nada. El Creador del universo los hizo. Él quiso a cada uno de ustedes en particular, por una razón bien definida. Dios pensó en ti antes de que nacieras. Y todavía está pensando en ti. Él sabe tu nombre. Dios todavía está profundamente interesado en tu vida.

Cada uno de ustedes tiene un papel que desempeñar en el plan de amor de Dios. Eso es lo que el Papa Francisco está diciendo. Ustedes están llamados a ser amigos de Jesús, a seguirlo y a ser testigos de su Evangelio.

La formación católica que reciben —en sus escuelas, en sus parroquias, en sus hogares— los está preparando para participar en las realidades de este mundo: en la cultura, en nuestros vecindarios, en la economía y en el gobierno.

Jesús quiere que cambiemos el mundo. Todos los días. Poco a poco. Él quiere que hagamos del mundo un lugar mejor, más parecido al Reino de Dios. Un lugar más caritativo, más compasivo, más pacífico, más justo.

Dios nos está enviando a buscar a otras personas. Nos envía a los que están en nuestra casa, en nuestras clases, nuestros vecindarios; a las personas con quien trabajamos; a todos aquellos con quienes nos encontramos en la vida diaria. Él quiere que compartamos el amor de Dios con todos.

Podemos cambiar el mundo con nuestro amor, con nuestra santidad, tratando de ser santos y misioneros en nuestra vida cotidiana. No se trata simplemente de hablar. Nuestras palabras no significan nada sin el testimonio de nuestras vidas. Se trata simplemente de ser amables, considerados, de vivir su fe de manera sencilla, llenos de alegría. Traten de ser buenos hijos, buenos hijas, buenos hermanos y hermanas, buenos amigos.

Si tenemos amor en nuestros corazones, entonces los que nos rodean sentirán ese amor. Porque el amor es como un fuego; con tan sólo una pequeña chispa, y ustedes pueden inflamar a los demás en el fuego de su amor.

El Papa tiene razón, queridos jóvenes. Ustedes son el futuro, el futuro de la Iglesia y el futuro del mundo.

Entonces, sigamos confiando en Jesús. Sigamos rezando y leyendo los Evangelios. Jesús nunca les fallará. Hasta en los momentos más difíciles, Él está con ustedes. Búsquenlo. Hablen con Él. Pregúntenle a Jesús todos los días, todo el tiempo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”.

Yo rezo por ustedes todos los días, y les pido que por favor recen por mí y mi ministerio. Necesito sus oraciones.

Y le pido a nuestra Santísima Madre María que vele por ustedes y sus familias, que interceda por todos nosotros, que nos enseñe a decir “sí” al llamado de Jesús para que podamos seguirlo siempre como discípulos y misioneros.

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