LLAMADO NACIONAL A LA ORACIóN 2020

By Archbishop Gomez
Cathedral of Our Lady of the Angels
April 10, 2020


Mis queridos hermanos y hermanas,1

Hoy nos encontramos al pie de la cruz con María, nuestra Santísima Madre y miramos a su Hijo, crucificado. Y le preguntamos a Dios: ¿Por qué tuvo él que morir? ¿No podría haber habido alguna otra solución?

Actualmente también le estamos preguntando a Dios: ¿Por qué vino este coronavirus? ¿Por qué has permitido que esta enfermedad y muerte desciendan sobre nuestro mundo?

Sabemos que Jesús en la cruz es la única respuesta. En el corazón de Cristo, herido por la lanza del soldado, traspasado por nuestros pecados, vemos cuánto ama Dios al mundo. Vemos lo preciosos que somos a los ojos de nuestro Padre.

Como acabamos de escuchar en nuestra lectura del Evangelio: De su corazón salió sangre y agua, sangre que nos redime del pecado y de la muerte; agua que lava nuestra vergüenza y hace todo nuevo.

Hermanos y hermanas, al estar hoy al pie de su cruz, en medio de esta pandemia, Jesús nos está llamando a confiar en su Sagrado Corazón.

Oremos frecuentemente al Sagrado Corazón de Jesús, diciéndole: ¡Jesús, yo confío en ti! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

¡Dios proveerá! Lo sabemos. Él tiene un plan de amor para su creación, un plan de bondad y de misericordia para cada nación y para cada corazón.

Jesús no muere sin motivo. El Viernes Santo es “bueno” porque abre el camino al Domingo de Pascua.

Dios entregó a su propio Hijo por nosotros. Entonces, sabemos que nos librará de este mal del coronavirus. La cruz nos muestra que su amor por nosotros es más fuerte que la muerte2.

Hermanos y hermanas, estamos viviendo el momento del testimonio cristiano.

Jesús ha abierto su corazón por nosotros. Él ha entregado su vida por amor a nosotros. Y ahora nos llama a confiarle nuestras vidas a él: todo nuestro corazón, toda nuestra mente; todos nuestros sentimientos y pensamientos, todas nuestras palabras y acciones.

En este momento, Jesús nos está invitando, a cada uno de nosotros, los que formamos parte de la Iglesia, a tomar nuestra cruz y a seguirlo por el camino del amor humilde, por el camino de la reverencia a Dios y del servicio a nuestro prójimo.

¡Las misericordias de Dios jamás terminan!3¡La fe, la esperanza y la caridad no han muerto!

Estamos presenciando esto de una manera hermosa cada uno de los días que ha durado esta pandemia: en nuestros hospitales y hogares, en nuestras parroquias y ministerios, en cada acto silencioso e invisible de sacrificio de sí mismo y de servicio, tanto en nuestras familias como en nuestras comunidades.

Esto es lo que Dios quiere que aprendamos en este momento de crisis mundial: que somos una sola familia, un solo Cuerpo, unido en la sangre y el agua que fluye del corazón de Cristo, unidos en una hermosa y sobrenatural solidaridad de compasión.

Amémonos unos a otros, uniendo nuestros sufrimientos al corazón de Cristo, abierto para nosotros en la cruz. Sacrifiquémonos los unos por los otros, cuidemos los unos de los otros, perdonémonos unos a otros.

¡Jesús, yo confío en ti! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

Que nuestra Santísima Madre María interceda por nosotros con sus dolores de este día.

Que ella nos ayude a ser mansos y humildes de corazón y a perseverar en este Viernes Santo de enfermedad y de muerte, para que pronto llegue la mañana de la Pascua de resurrección4.

1. Lecturas: Rom 5, 5b-11; Sal 23, 1-6; Jn 19:31-37

2. Rom 8, 32; Cant 8, 6.

3. Lam 3, 22.

4. Ez 36, 26; Mt 11, 29.

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