'LAUDATO SI' Y LA NUEVA EVANGELIZACIóN

By Archbishop Gomez
June 29, 2015
Source: Vida Nueva
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Desde hace muchos años, la Arquidiócesis de Los Ángeles ha estado profundamente comprometida con los temas de la ecología y el cuidado de la tierra.

Podemos señalar los esfuerzos innovadores de nuestro Ministerio de Conservación de la Creación. Podemos también mencionar las innumerables parroquias e individuos que promueven la concientización ambiental y el trabajo para proteger a nuestras comunidades —especialmente a las comunidades de pobres y de minorías— y que abarcan desde el impacto de la contaminación hasta la degradación ambiental.

Así que pienso que para mí, y sé que para muchos de ustedes también, Laudato Si’ (“Alabado Seas”), la nueva encíclica del Papa Francisco acerca del cuidado de la tierra, es un instrumento bienvenido y lleno de desafíos.

Sigo reflexionando sobre esta carta del Papa. Y al hacerlo, me llama la atención la amplia gama de preocupaciones del Papa. Esta es sólo una muestra, tomada al azar, de entre los temas que el Papa cree que son importantes para entender la crisis ambiental de nuestros tiempos: “el ruido y las distracciones provenientes de la sobrecarga de información”; el acceso al agua potable; la crisis de la esperanza en un “futuro mejor”; “el mito del progreso””; la arquitectura moderna; la “cultura del relativismo”; el abuso de las drogas en los países ricos; la necesidad de aceptar “el propio cuerpo en su femineidad o masculinidad”, y cómo “no es saludable eliminar las diferencias sexuales”; la diversidad de las especies; la elevación del nivel del mar; la desigualdad global.

El tono del Papa es urgente y apasionado. Escribe con el ojo de un profeta acerca de la injusticia: “Con frecuencia encontramos espacios verdes hermosos y bien cuidados en las llamadas zonas ‘más seguras’ de las ciudades, pero no en las zonas más ocultas, donde vive la sociedad desechable”.

Los medios de comunicación se han centrado en el contenido político de la carta —en la convicción del Papa Francisco de que los gobiernos del mundo y los organismos internacionales deben tomar medidas concretas para hacer frente al cambio climático global.

Es cierto que en éste y en otros ámbitos, Laudato Si’ va más allá del análisis moral para sacar conclusiones acerca de la evidencia científica y para ofrecer recomendaciones relativas a las políticas específicas que conciernen a cuestiones tales como la compra y venta de “créditos de carbono” (el Papa le llama a esto “una maniobra” que los países ricos utilizan para proteger sus riquezas).

Las propuestas del Papa de Francisco serán debatidas y deberían ser estudiadas de acuerdo al espíritu con que él las ofrece. “La Iglesia no pretende resolver cuestiones científicas o reemplazar a la política”, escribe. “Pero tengo interés en fomentar un debate honesto y abierto, de modo que los intereses o ideologías particulares no perjudiquen al bien común”.

Para mí, Laudato Si’ debe leerse no sólo como una obra de doctrina social católica, sino también como un ejemplo de la nueva evangelización.

La carta refleja una profunda confianza y apertura al mundo. El Papa Francisco hace alusión a un amplio rango de peritos ecuménicos e interdisciplinarios, desde científicos, santos y teólogos hasta organismos internacionales; a otros líderes religiosos del mundo, a anteriores papas y a conferencias episcopales católicas de todos los continentes, e incluso cita a un místico sufí en una de sus notas de pie de página.

El Papa Francisco entiende que en el mundo moderno, el mensaje de la Iglesia necesita escucharse de manera nueva, requiere de una presentación actual, arraigada en las realidades concretas de nuestros tiempos.

Él se da cuenta de que el Evangelio y la Iglesia no tienen necesariamente autoridad en la sociedad secular de hoy, en la que la idea de Dios es, ya sea rechazada, ya sea considerada irrelevante. “Las reflexiones teológicas y filosóficas sobre la situación de la humanidad y del mundo pueden sonar tediosas y abstractas”, reconoce el Papa.

A eso se debe que el Papa no mencione el nombre de Jesús hasta después de casi 13,000 palabras de su largo documento. Sin embargo, “la mirada de Jesús” está en el centro de la visión del Papa en Laudato Si’, aunque rara vez se le menciona.

En mi opinión, en este documento, el Papa Francisco está sentando las bases para un nuevo humanismo cristiano, enraizado en la sencilla y hermosa imagen de Jesús que él presenta a la consideración del mundo.

En pasajes llenos de citas del Evangelio, el Papa escribe sobre Jesús, pintándolo como un hombre de trabajo, un hombre que “vivía en completa armonía con toda la creación”.

“Al hablar con sus discípulos”, escribe el Papa: “con conmovedora ternura él les recordaba que cada uno de ellos era importante a los ojos de Dios. … Conforme se abría paso a lo largo del territorio, con frecuencia se detenía a contemplar la belleza sembrada por su Padre, e invitaba a sus discípulos a percibir un mensaje divino en las cosas”.

Y en el nombre de Jesús, el Papa Francisco está haciendo un llamado a la conversión, un llamado a que todos nosotros miremos la tierra y todas sus criaturas con los ojos de Jesús.

Y como “el Jesús terrenal” es también el Creador y Señor del universo, el mundo ha sido transfigurado. El Papa escribe: “Por lo tanto, las criaturas de este mundo ya no se nos muestran solamente en su aspecto meramente natural, ya que el Resucitado está misteriosamente sosteniéndolas y dirigiéndolas hacia la plenitud del fin para el que fueron creadas. Las mismas flores del campo y aves que él contempló y admiró con sus ojos humanos, están ahora imbuidas de su presencia radiante”.

Así que esta semana, oremos unos por otros y pidámosle a Dios que abra nuestros ojos a la belleza del mundo. Y sigamos orando por nuestros hermanos y hermanas de Charleston, Carolina del Sur. Oremos por las víctimas del tiroteo en la Iglesia Emanuel AME y por sus familias, y oremos más y trabajemos con más empeño para ponerle fin al racismo en nuestro país y a la violencia armada en nuestras comunidades.

Y que nuestra Santísima Madre María, la Reina de toda la creación, nos ayude a amar el mundo que Dios nos ha dado, y especialmente, a ver con claridad la gran dignidad de toda vida humana.

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