LA PASCUA Y LA LIBERTAD RELIGIOSA

By Archbishop Gomez
April 12, 2015
Source: Vida Nueva
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Fue una hermosa Pascua. Más de 10 mil personas participaron en las celebraciones de Semana Santa en la catedral. Y a lo largo y ancho de la arquidiócesis, hemos bautizado aproximadamente a 2 mil nuevos cristianos en Pascua.

¡Qué testimonio del poder y la vitalidad de la fe católica aquí en el sur de California!

Al mismo tiempo, sin embargo, este tiempo de Pascua nos ha recordado que la libertad de culto de la que disfrutamos no es ampliamente compartida en el mundo – y puede estar en riesgo aquí también en los años venideros.

Como el Papa Francisco ha dicho esta semana, en muchos lugares los cristianos están siendo “perseguidos, exiliados, asesinados, decapitados, por la única razón de ser cristianos.”

La persecución de los cristianos nos da una especie de perspectiva global sobre los debates que se iniciaron aquí en los Estados Unidos justo antes de Semana Santa.

Los debates sobre la nueva ley de libertad religiosa en Indiana continúan. Y sigue habiendo una gran cantidad de información errónea y de falta de información acerca de esta nueva ley.

La verdad es que la ley de Indiana sigue el modelo del Acta de Restauración de Libertad Religiosa federal 1993, una ley que fue fuertemente apoyada por los obispos católicos de Estados Unidos y la mayoría de los otros grupos religiosos.

Con los años, esta ley ha ayudado a proteger las libertades de cristianos, judíos, musulmanes, sijs, indígenas estadounidenses y otros – incluso un grupo de iglesias de Chicago que utilizó la ley para luchar con éxito contra una “prohibición” del gobierno sobre la alimentación de las personas sin hogar.

Pero lo que está en juego en el debate de Indiana es mucho más que el significado de esta única ley.

Nuestro país se encuentra en un momento de cambio.

Hace apenas una generación, Estados Unidos era un país donde la fe religiosa era respetada públicamente y las iglesias y otras instituciones religiosas eran aceptadas como parte de la vida diaria normal.

Esto ya no es así.

La mayoría de los estadounidenses todavía profesa su fe en Dios; muchos, con otras personas que comparten sus creencias, todavía rezan y realizan sus cultos en iglesias, sinagogas y mezquitas. Las instituciones religiosas siguen llevando a cabo obras de caridad, de justicia y de servicio social en la mayoría de las comunidades.

Pero nuestra sociedad y cultura son cada vez más secularizadas. Los que gobiernan y dan forma a la manera como los estadounidenses piensan y se comportan – en la política y el derecho, en la educación, el entretenimiento y los medios de comunicación populares – forman una élite cada vez más secularizada, que tiene poca tolerancia para las instituciones o los valores religiosos.

Como resultado, la secularización y la “descristianización” se han convertido en una especie de “mandato” implícito en nuestros tribunales, en los medios de comunicación, y en la vida cívica.

Los debates que hemos estado viendo en los últimos años por cosas como oración y símbolos religiosos en lugares públicos, o el papel de la Iglesia en el ámbito público, los servicios de salud, y la “redefinición” del matrimonio y de la moral sexual – todos estos son parte de este esfuerzo más amplio por eliminar la religión de la vida americana.

En medio de todo esto, es importante recordar que, como católicos, nuestra fe no es un conjunto de “posiciones” que sostenemos sobre algunos “temas”.

Nuestra fe está arraigada en lo que Jesús ha revelado acerca de los propósitos de Dios en la creación y su voluntad para cada persona.

Es por eso que todos los años durante la Vigilia de Pascua, volvemos a escuchar la historia de la creación del Libro de Génesis – la bella historia del hombre y la mujer, que fueron creados a imagen de Dios, llamados a ser fecundos y hacer de este mundo el reino de Dios.

En su enseñanza, Jesús nos señaló de nuevo a este “principio”. Nos dijo que la alianza matrimonial entre el hombre y la mujer está en el centro del plan de Dios para la creación, y que nadie tiene el poder de cambiar ese plan.

Es por eso que el matrimonio y la familia son tan importantes para la Iglesia.

Y por esa misma razón no es un asunto secundario cuando se le pide a un católico – o cristiano, judío o musulmán – cooperar con políticas que según nuestras creencias, no respetan los propósitos de Dios para la creación y su hermoso plan para la persona humana.

Estos debates en Indiana y en otros lugares del país son importantes para el futuro de nuestra libertad como estadounidenses y como católicos. Lo que está en juego es nuestra capacidad de vivir como Dios nos pide y servirle como Él nos llama a servirlo.

Los católicos respetamos el pluralismo y la diversidad de la sociedad estadounidense. No estamos tratando de imponer nuestra fe a los demás o de negarles su derecho a creer y vivir de la manera que quieran.

Pero sí me entristece decir que en este momento en todo el país, otros están tratando de imponer su “fe” – una ideología secularizada y una moral anti-religiosa – a los creyentes religiosos, y son nuestros derechos los que están en riesgo de ser negados.

Por lo tanto, recemos esta semana por nuestro país.

Que nuestra Santísima Madre María nos ayude a ser más conscientes de la importancia de la tolerancia, de la libertad religiosa y del respeto a la conciencia.

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