LA MISIóN DE LA EDUCACIóN CATóLICA — ¡HACER SANTOS!

By Archbishop Gomez
June 26, 2016
Source: Vida Nueva
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Nota del editor: La siguiente es una adaptación del discurso de graduación que el Arzobispo Gomez dirigió el 17de junio a los alumnos graduados de la Academia Santa Mónica en Montrose, California.

Quiero hacer con ustedes tres reflexiones ahora que emprenden este nuevo inicio en su viaje por la vida. Esta noche quiero hablar con ustedes acerca de los santos, de la oración y del amor.

Quiero empezar con una cita de San Ambrosio. Como ustedes saben, San Ambrosio fue un amigo cercano de la Patrona de su escuela, Santa Mónica. Él fue el guía espiritual de ella, y desempeñó también un papel clave en la conversión de su hijo, San Agustín.

San Ambrosio dijo una vez: “La Iglesia es hermosa en sus santos”. Ése es el primer punto que quiero abordar con ustedes esta noche: ustedes tienen una misión, una vocación en la vida.

Dios creó a cada uno de ustedes por un motivo determinado. Dios los creó para ser hermosos, ¡para ser santos! Eso significa que Dios tiene grandes expectativas para cada uno de ustedes. Él tiene planeado algo que quiere que cada uno de ustedes haga en este mundo; algo que nadie más puede hacer para Él.

Ser santo no significa separarse del mundo. ¡Todo lo contrario! Significa amar a Dios y servir a nuestro prójimo aquí y ahora, en medio del mundo.

Dios quiere santos en todos los ámbitos de la vida. Él necesita madres y padres santos. Necesita santos en nuestras parroquias y en nuestras escuelas; santos en las empresas, en los hospitales y en los medios de comunicación; santos en la política y santos en Wall Street.

Una de mis santos favoritos -que no está canonizado todavía- era un mecánico de automóviles. El Beato Salvador Huerta Gutiérrez. El punto importante es ¡que Dios quiere santos en todas partes!

Mis jóvenes amigos, la pregunta para ustedes es: ¿Qué quiere Dios que ustedes hagan? ¿De qué manera quiere Dios que sean santos?

Este es el motivo por el cual sus padres les dieron este precioso regalo de una educación católica, para ayudarles a descubrir el propósito de Dios para sus vidas.

Mi segunda recomendación es la siguiente: Tómense un tiempo para orar todos los días.

En la escuela católica ustedes aprenden la lección más importante de la vida: que Jesucristo nos ama, que entregó su vida para salvarnos y que va caminando a nuestro lado todos los días para iluminarnos, fortalecernos y darnos la verdadera libertad.

Así que en su viaje por la vida, ustedes necesitan mantenerse cerca de Jesús. Tienen que esforzarse cada día por parecerse más a Él. Y la forma de hacerlo es a través de la oración.

Algunas personas hacen una oración demasiado “pensada”. Espero que ustedes nunca cometan ese error. La oración es simplemente hablar con Jesús, hablar con Dios. Ustedes pueden hablar con Dios directamente desde el corazón, así como hablan con un buen amigo. Y eso es lo importante. El fin de la oración es hacer crecer su amistad con Jesús, con Dios.

Ustedes no necesitan usar un lenguaje sofisticado. Platíquenle lo que está en su mente, lo que los preocupa, aquello en lo que necesitan ayuda. Pídanle que los guíe cuando tienen que tomar decisiones.

Y la oración es un diálogo. Deberíamos hablar con Dios. Pero también tendríamos que estar a la escucha de lo Él nos dice. Así que tenemos que esforzarnos por apagar nuestros teléfonos celulares y por tratar de pasar un tiempo en el que sólo estemos en silencio, con Dios, escuchando su voz.

Además, si les es posible, traten de ir a Misa durante la semana, no sólo los domingos. La Misa diaria va a cambiar realmente su vida. Esto es una gran verdad; puedo decirles que cambió mi vida. La confesión regular es importante también, pues nos permite ser honestos con Dios.

Mis queridos hermanos y hermanas, nuestra sociedad se está volviendo cada vez más secular y más hostil a la religión. De hecho, creo que estamos entrando en un período de la historia en el cual va a ser mucho más difícil vivir nuestra fe católica.

Así que es importante que ustedes puedan seguir profundizando en su conocimiento de la fe. La Iglesia necesita católicos que conozcan su fe, que sepan lo que creemos y por qué lo creemos. Y tenemos que ser capaces de explicar nuestras creencias y de compartir nuestra fe con los demás.

Pero en todo lo que hacemos, deberíamos conservar siempre una profunda alegría en el corazón, y una profunda paz, porque sabemos que Dios está con nosotros y porque Él tiene un plan para su creación.

Todo lo que han estado aprendiendo en la escuela ha tenido el fin de prepararlos para que puedan ir y cambiar el mundo. Para que puedan hacer de éste un mundo de belleza, de verdad y de santidad; un mundo de amor, de justicia y de compasión.

Y ése es el último punto que quiero resaltar ante ustedes. El mundo será salvado por la belleza de los santos. Y los santos han de salvar al mundo por medio del amor. Y esos santos hemos de ser ustedes y yo.

La mayoría de los “santos” de la historia nunca son canonizados o reconocidos oficialmente por la Iglesia. Son santos ocultos, “santos del día a día”, cristianos comunes y corrientes que viven sus vidas ordinarias.

Cada uno de nosotros estamos llamados a ser uno de esos santos “ocultos”, uno de esos santos de “todos los días” que cambiamos el mundo por medio de nuestro amor.

Cambiamos el mundo de persona a persona, uno a la vez. Empezando por quienes nos rodean en nuestros hogares, en la escuela, en el trabajo.

Cambiamos a la gente por la forma en que vivimos nuestras vidas. Siendo buenos amigos. No tanto con nuestras palabras, sino con nuestro ejemplo. Por nuestra amabilidad y consideración hacia los demás, por nuestra misericordia y nuestro perdón.

Por lo tanto, mis jóvenes amigos, yo sé que Dios tiene preparadas cosas hermosas para ustedes. ¡Confíen siempre en Él! ¡Él tiene un hermoso plan para sus vidas!

Y, por favor, oren por mí. Y sepan que yo estoy orando por ustedes. Y que Nuestra Santísima Madre María los tome de la mano y los lleve siempre a su Hijo.

Santa Mónica, ¡ruega por nosotros!

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