LA MISERICORDIA ES LA MEDIDA DE NUESTRO AMOR

By Archbishop Gomez
December 13, 2014
Source: Vida Nueva
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Si nos preguntan qué significa ser cristiano, ¿qué contestamos? Otra manera de plantear la pregunta sería: ¿qué estamos esperando en el Adviento?

Por supuesto, la respuesta correcta es que en Adviento estamos esperando la venida de Jesucristo.

Pero nuestra espera durante el Adviento no es algo pasivo. La venida de Jesús es un llamado a salir a su encuentro en el pesebre de Belén.

Nuestra vida cristiana es una respuesta a este llamado, al encuentro con Jesús que viene a nosotros. Y eso nos lleva nuevamente a la primera pregunta: ¿qué queremos decir cuando nos llamamos a nosotros mismos ‘cristianos’?

La respuesta más básica es la siguiente: ser cristiano significa que creemos lo que Jesús dijo acerca de sí mismo: que Él es el Hijo de Dios que viene a mostrarnos la misericordia de Dios y el camino a la verdadera felicidad.

Ser cristiano significa que hemos tomado a Jesús como nuestro modelo y maestro, y como compañero en el camino de la vida. Significa que vamos acompañando a Jesús, caminando con Él y tratando de asemejarnos más a Él cada día.

Como mencionaba en mi columna de la semana pasada, Jesús nos dio un programa práctico para seguirlo en las bienaventuranzas y en las obras corporales de misericordia.

Hablé sobre las bienaventuranzas en mis columnas de principios de este año, durante la Cuaresma. Pueden encontrar esas reflexiones en el sitio web Angelus. Ahora, durante el Adviento, quiero reflexionar sobre las obras de misericordia.

La misericordia es el núcleo del Evangelio y el núcleo de nuestra identidad como cristianos.
Jesús vino a manifestar la misericordia de Dios, y nos llama a seguirlo, practicando la misericordia para con los demás.

Él nos ha dicho: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso”. Y nos dio su ejemplo, enseñándonos que nuestra misericordia debe expresarse en obras concretas de servicio.

Jesús alimentó a los hambrientos multiplicando los panes y los peces para las multitudes. Le dio el agua de la vida eterna a la samaritana. Visitó a los enfermos con su sanación. Se dedicó a proclamar la buena nueva a los pobres, la libertad a los cautivos y la nueva vida a los agonizantes.

En la parábola sobre el juicio final que se encuentra en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo, Jesús nos dijo que la misericordia que tengamos para con los demás será la medida de nuestro amor a Dios.

Así debemos vivir los cristianos: como lo hizo Jesús, dando de comer al hambriento, dando de beber al sediento, vistiendo al desnudo, proporcionando un techo a los sin hogar, visitando a los enfermos, visitando a los presos y enterrando a los muertos.

Existe una gran variedad de ministerios sociales en la Iglesia que llevan a cabo estas obras de misericordia de manera organizada. Los invito a todos a tomar parte en las hermosas obras de misericordia que se realizan en sus parroquias, o las de Caridades Católicas, de la Sociedad de San Vicente de Paúl y de los Cementerios Católicos.

La misericordia debe ser el estilo de vida de todo cristiano. A través de nuestras obras de misericordia, Jesús nos llama a abrir los ojos para ver a los demás como hermanos y hermanas y como imagen de Dios. Él nos llama a abrir nuestros corazones y nuestras manos para acoger y servir a los demás.

Nuestra misericordia debe ser generosa y personal. Por ejemplo, el hacer un donativo a Unidos en Misión es una manera de ayudar a cientos de niños y de familias de muchos sectores de toda la arquidiócesis.

También pueden extender una mano amiga a personas cercanas que están pasando por alguna necesidad, haciéndoles favores o pequeños actos de bondad y de amistad. Pueden ser voluntarios en las buenas obras que se realizan en su parroquia. En la Catedral tenemos un hermoso programa, “Adopta una Familia”, que proporciona regalos de Navidad a más de 400 familias que viven en el área de Skid Row de Los Ángeles. Existen muchas maneras de involucrarnos en esto.

La misericordia es un deber personal de cada uno de nosotros. Pero la misericordia es también una responsabilidad política y social.

Las obras de misericordia nos llaman a crear una cultura de encuentro y comunión. Nos llaman a resistir y rechazar todas las tendencias de nuestra sociedad de marginar, dividir y excluir. Las obras de misericordia nos llevan a caminar con los demás y a trabajar por la dignidad humana y la justicia con el fin de que ningún miembro de nuestra sociedad sea considerado indeseable, y de que ninguna vida sea ignorada o descartada.

Entonces, sigamos rezando unos por otros esta semana, mientras nos preparamos para la Navidad y la venida de Jesús.

Este viernes celebramos la gran fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, nuestra madre compasiva y patrona de las Américas.

Que ella inspire en todos nosotros un espíritu renovado de compasión, para que vivamos, cada vez más, en el espíritu de las bienaventuranzas y en la práctica de las obras de misericordia.

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