LA IGLESIA ES UN PUEBLO QUE VIVE LA CARIDAD

By Archbishop Gomez
November 02, 2014
Source: Vida Nueva
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En estos días de preparación para las elecciones de la próxima semana, la Conferencia Católica de California ha ofrecido reflexiones y análisis sobre las propuestas más importantes para la votación de este año.

Las pueden encontrar en la edición de The Tidings (Oct. 31, en la página 12) y en línea, en AngelusNews.com.

Esta época del año nos recuerda que nuestra fe como católicos nos llama a la participación cívica basándonos en los valores del Evangelio y en la perspectiva de la doctrina social católica.

Votar por nuestros representantes y por las diferentes propuestas que se nos presentan es una parte importante de nuestro deber cívico. Pero también tenemos que estar comprometidos con acciones concretas que puedan hacer la diferencia en nuestros vecindarios y comunidades.

Y con relación a esto, siempre me admira ver cómo la Iglesia es una parte intrínseca del tejido de la vida diaria de las ciudades de la arquidiócesis. Es hermoso ver la gran cantidad de buenas obras realizadas, todas las personas a las que ayudamos, la gran cantidad de vidas que estamos cambiando.

La Iglesia es una inmensa fuerza hacia el bien dentro de nuestra comunidad. Y no sólo a través de los servicios ofrecidos por organizaciones como Caridades Católicas y la Sociedad de San Vicente de Paúl.

Hace varias semanas celebré una Misa por el aniversario de las Hermanas del Buen Pastor, quienes ya llevan 110 años en Los Ángeles.

Estas buenas hermanas abrieron en 1904 el primer centro de la ciudad para ayudar a mujeres y niños víctimas de violencia doméstica. Ese refugio sigue funcionando hasta hoy. Y, por desgracia, sigue siendo necesario.

El punto importante es que a lo largo y ancho de la arquidiócesis muchos católicos están comprometidos en un sinnúmero de ministerios de servicio. Estamos a cargo de escuelas preescolares y de programas para después de la escuela; de hogares para ancianos; de albergues para las personas sin hogar y para víctimas de violencia doméstica.

Estamos trabajando con varios colaboradores para ofrecer ayuda a las mujeres y a los niños que se encuentran atrapados en la trata de personas, esa esclavitud moderna que está presente en nuestras ciudades y vecindarios.

Nuestras parroquias e instituciones de beneficencia proporcionan consejería para casos de abuso de sustancias y de salud mental. Tenemos un programa de justicia restauradora para jóvenes, y muchos programas diferentes para trabajar con las poblaciones “en riesgo”.

Todos los días podemos encontrarnos con católicos en los diferentes lugares donde haya gente sufriendo, dondequiera que hayan personas vulnerables o que estén pasando por dificultades.

Este es un hermoso reflejo de nuestra identidad católica. Todos nosotros que formamos parte de la Iglesia hemos de dedicarnos a ejercer la caridad, la justicia y las buenas obras.

A principios de este mes el Papa Francisco envió un video-mensaje a Catholic Charities USA donde decía: “Estamos llamados a ser una Iglesia, un pueblo de y para los pobres”.

Jesús fue muy claro en decirnos que nuestro amor a Dios debe ser expresado a través de nuestro amor por el prójimo.

Y, como sabemos, el amor al que Jesús nos llama va más allá de sentimientos y emociones, más allá de simplemente hablar de cosas bonitas o de tener buenas intenciones

Es importante tener amor en nuestros corazones y en nuestras actitudes. Pero el amor cristiano no puede terminar ahí.

El amor es una “palabra de acción”. Esto significa que tenemos que “hacer” algo. Por eso el amor cristiano debe ser expresado en obras concretas de servicio a nuestros hermanos y hermanas.

Amar implica servir a todas las personas que necesitan nuestra ayuda. Significa alimentar a los que tienen hambre, vestir a los desnudos. El amor cura a los enfermos y conforta a los moribundos.

Este amor es lo que hace que nuestra participación cristiana en la sociedad sea diferente. No somos sólo “bienhechores” o filántropos.

Lo que a los cristianos nos hace diferentes es que sabemos que cada persona es verdaderamente una hermana o hermano nuestro, creado a imagen de Dios. Lo que a los cristianos nos hace diferentes es que sabemos que estamos en la presencia de Dios cuando estamos en la presencia de los pobres. Y que lo que hacemos por los pobres, lo hacemos por Dios.

Para la Iglesia, la caridad y la compasión son el “lenguaje” de la nueva evangelización. A través de gestos sencillos, de actos humildes de servicio, proclamamos que Jesús ha resucitado y está vivo entre nosotros.

A través de nuestras obras de caridad y misericordia mostramos el amor de Dios a los necesitados. Por medio de nuestro amor, mostramos a nuestra sociedad que nadie está fuera del amor y del cuidado de Dios.

Todos estamos aquí para servir. Todos estamos aquí para entregarnos a los demás. Todos estamos aquí para ayudarnos unos a otros a llevar las cargas que todos tenemos en esta vida.

Entonces, en este tiempo de elecciones y a lo largo de la semana, recemos unos por otros, por nuestro estado y por nuestro país.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María, Nuestra Señora de los Ángeles, que nos ayude a seguir trabajando juntos para hacer de esta ciudad realmente “una ciudad de los Ángeles”, en la que cada vida humana sea valorada y acogida, en donde los pobres y vulnerables, los ancianos y enfermos, sean protegidos y atendidos con compasión.

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