LA CULTURA CATóLICA Y LA NUEVA EVANGELIZACIóN

By Archbishop Gomez
February 22, 2015
Source: Vida Nueva
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Nota del editor: Este fin de semana, del 19 al 21 de febrero, el Instituto para Estudios Católicos Avanzados de USC tendrá una conferencia sobre “El futuro de la imaginación literaria católica”. Lo que sigue es una adaptación de la carta de bienvenida enviada por el Arzobispo Gomez.

Todos sabemos que el catolicismo no es una ideología, ni una filosofía, ni un conjunto de reglas.

El catolicismo crea cultura, pues es una forma de vida que nace del encuentro con una persona divina, Jesús de Nazaret, que es la Palabra de Dios y el Hijo de Dios que se humilla a sí mismo para venir a nosotros en forma humana.

Con la encarnación, el mundo queda “impregnado de la grandeza de Dios”, según escribe el poeta y sacerdote jesuita Gerard Manley Hopkins.

Con la encarnación, las cosas terrenales se vuelven “sacramentales”, es decir, signos e instrumentos que comunican realidades divinas. Las palabras pueden ahora “obrar cosas” por el poder divino. Las palabras Esto es mi Cuerpo, transforman el pan en la carne del Salvador. Las palabras Yo te absuelvo, traen el perdón de Dios a un alma perdida por el pecado.

Al compartir nuestra humanidad, Jesús le da a ésta la posibilidad de tomar parte en su divinidad. En cierta manera, nuestras vidas se convierten en una especie de “obra de arte” que estamos creando junto con nuestro Creador. Y ese es el principio del arte católico.

Durante casi 20 siglos, los artistas más grandes del mundo se inspiraron en temas religiosos, por estar a la búsqueda de Dios en un mundo caído y por los grandes cuestionamientos de la existencia humana: quiénes somos, de dónde venimos, por qué sufrimos y qué es lo que realmente importa.

Dana Gioia, un poeta católico de aquí, de Los Ángeles, ha escrito un importante ensayo que se llama “El escritor católico de hoy”. En él, describe cómo la influencia católica en la literatura y en las artes ha prácticamente desaparecido desde mediados del siglo XX, y no sólo aquí en el continente americano, sino en todo el Occidente.

Podemos señalar toda una serie de causas para esto: la difusión del secularismo y el materialismo; la marginación y la privatización de la experiencia religiosa; la comercialización de la cultura; el desplazamiento del arte por el entretenimiento y los medios de comunicación populares.

Cualquiera sea la causa, es evidente que nuestras sociedades en Occidente se han embarcado ahora en un gran experimento social. En la raíz de todo esto está el intento de olvidar y revertir la encarnación.

La vida cotidiana en nuestros días está organizada y funciona como si Dios no existiera o como si Él no tuviera ninguna relevancia en los asuntos humanos. Y como vemos todos los días, un mundo sin Dios sólo degrada a la persona humana y perjudica a la comunidad humana.

De manera que una tarea importante que tenemos como católicos es restaurar la cultura católica que se ha perdido. No se trata de construir nuevas catacumbas donde nos podamos refugiar. Se trata de construir una nueva cultura y de crear un mundo nuevo, fundado sobre un nuevo encuentro con Dios y sobre la belleza y la verdad que Él nos revela en Jesús.

Esto es lo que los últimos Papas han estado llamando nueva evangelización. Se trata de suscitar, en todos los campos y ámbitos de la vida, una nueva generación de católicos que estén dispuestos a dar testimonio del misterio y de la misericordia de Dios, de la belleza de su creación, y de la dignidad y el destino de la persona humana creada a su imagen.

Los primeros misioneros que llegaron a nuestro continente compartieron las verdades de la fe a través de la belleza y del “lenguaje” de las artes. Ellos crearon estatuas, pinturas, retablos, música y teatro. Ellos enseñaban a las personas a tocar instrumentos musicales y a leer. Estos primeros misioneros utilizaban las artes y los medios de comunicación de su cultura y de su tiempo para sembrar las semillas del Evangelio.

Hoy en día, la nueva evangelización necesita arte y artistas nuevos. La nueva evangelización necesita historias, canciones, poemas, novelas, obras de teatro, esculturas y arquitectura, pinturas y sinfonías.

La evangelización de la cultura no significa que todo el mundo tenga que conocer y apreciar la música clásica o la historia del arte o leer la literatura más renombrada. La mayoría de nosotros no lo hacemos. Pero como católicos tenemos que ayudar a crear un ambiente cultural en el que los grandes temas de la fe, de la verdad y de la belleza pueden ser explorados y compartidos.

La gente de nuestro tiempo no encuentra satisfacción en los consuelos temporales o las distracciones de nuestra sociedad secular y consumista. Tienen el corazón angustiado. Están inquietos por encontrar que su vida tiene un valor y un significado. Quieren experimentar el amor, la plenitud y la vida de comunidad. Quieren saber que hay algo que va más allá, algo más que esta vida.

El arte católico tiene una capacidad particular para responder a su búsqueda de trascendencia. Por eso tenemos que convocar a una nueva generación de católicos que encuentren la inspiración para hacer grandes obras de arte que se nutran de su fe y su experiencia religiosa.

Oremos entonces por los artistas, escritores, estudiantes, maestros, críticos y lectores.

Encomendémoslos a la Madre de Dios para que ella guíe a esa nueva generación de artistas en su búsqueda de la belleza, la verdad y el amor. Que ella les ayude a descubrir a Aquel que nos ha creado para un amor que nunca termina, a Aquel a quien Dante llamó: El amor que mueve el sol y a las demás estrellas.

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