HACIENDO ORACIóN POR EL MUNDO

By Archbishop Gomez
August 01, 2014
Source: Vida Nueva
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Cuando vemos el estado del mundo en torno nuestro durante estos meses de verano, nos damos cuenta de que hay muchas cosas por las cuales debemos orar.

En nuestro territorio, por supuesto, hemos estado orando y trabajando para hacer frente a la emergencia humanitaria causada por los miles de niños indocumentados, provenientes de América Central, que están cruzando nuestras fronteras.

De hecho, estoy escribiendo desde la Ciudad de México, a donde vine, con el gobernador Brown, para participar en una reunión de líderes religiosos y diplomáticos de Centroamérica.

El gobernador Brown se acercó a mí hace varias semanas y me preguntó si podría yo ayudarle a organizar una reunión para discutir la actual situación de emergencia en la que nos encontramos, y las cuestiones más amplias, relativas a la inmigración y el desarrollo en la región.

Recientemente, el Vaticano y el gobierno mexicano tuvieron una reunión similar. Estas conversaciones son una muy buena señal porque es esencial que los gobiernos, los directores de las empresas, las Iglesias y las personas religiosas trabajen juntos para encontrar soluciones a los desafíos que enfrentamos en nuestras sociedades.

A través de estas conversaciones, estamos llegando a la comprensión de que las grandes migraciones que estamos viendo actualmente en las Américas —y en los países de todo el mundo— son parte de la realidad cotidiana de la “globalización”.

No podemos seguir tratando la inmigración como si siempre fuera una “emergencia” o una “crisis”.

La gente está continuamente en movimiento en todas partes, y este hecho dinámico no hará sino aumentar. Así que necesitamos una estrategia a largo plazo para hacer frente a esta complicada realidad de la inmigración, conforme nuestras sociedades se vayan integrando más y más en la economía mundial.

Tenemos que analizar las leyes de nuestros países para saber si son justas y si nuestras fronteras son seguras. Pero también tenemos que hablar de temas como la injusticia y la desigualdad en la región. Tenemos que hablar acerca de la educación y el desarrollo económico; acerca de la violencia causada por el narcotráfico, el tráfico de armas y la trata de personas. Tenemos que encontrar medios creativos de promover maneras seguras y legales de migración.

También —y digo esto como pastor— tenemos que examinar nuestros corazones. Porque la inmigración implica, sobre todo, aspectos de nuestra común humanidad.

Cada día queda más claro que necesitamos un nuevo compromiso en promover y proteger la dignidad humana y en concientizarnos de que todos somos hermanos y hermanas.

Esta es una de las difíciles verdades que estamos aprendiendo de nuestros debates acerca de la inmigración en los Estados Unidos.

Pero es una verdad difícil que también aprendemos de la guerra, el derramamiento de sangre y el sufrimiento que hemos estado presenciando este verano en Ucrania, en Israel y Palestina, en Siria y en todo el Medio Oriente y algunas partes de África.

Y siempre son los inocentes los que sufren más en estos conflictos, especialmente las familias y los niños.

Estoy orando de manera especial por los cristianos perseguidos de Irak. Lamentablemente, estamos siendo testigos de la violenta erradicación del cristianismo en Irak y en otros lugares de Medio Oriente. Eso son palabras mayores, pero ciertas.

En la segunda ciudad más grande de Irak, Mosul, los hogares cristianos están siendo marcados con una “N”, de “nazarenos”. Y a los cristianos recientemente se les ordenó que se convirtieran al Islam bajo pena de muerte y de exilio. Miles de ellos huyeron, muchos sólo con la ropa que llevaban puesta. Fueron tantos los que huyeron, que las autoridades dicen ahora que probablemente ya no hay cristianos en Mosul.

Así que en nuestras oraciones de esta semana, unámonos en oración al Papa Francisco y a los cristianos de todo el mundo para pedir por nuestros hermanos y hermanas perseguidos. ¡Que Dios les conceda la fuerza y el valor que necesitan para soportar la situación que están viviendo!

Como ciudadanos fieles, tenemos que formar una comunidad de conciencia con los demás creyentes y con todos los hombres de buena voluntad.

Hemos de exigir a nuestros líderes que trabajen más por defender a los habitantes de Irak y de todas partes, que están siendo oprimidos en nombre de la religión. Y tenemos también que pedirles con insistencia a nuestros dirigentes que pongan más empeño en proporcionar asistencia humanitaria a quien la necesite y en promover el diálogo y la diplomacia en los lugares en los que hay guerra y conflictos.

Esta semana, oremos con nuestro Santo Padre el Papa Francisco: “Que el Dios de la paz despierte en todo el mundo un auténtico deseo de paz y reconciliación. … María, Reina de la Paz, ¡Ruega por nosotros!”.

Y sigamos pidiéndole a la Santísima Virgen que nos ayude a encontrar soluciones a los retos que enfrentamos en nuestra sociedad, el más urgente de los cuales es el de crear una cultura que acoja a los inmigrantes y defienda la libertad de conciencia y la dignidad de la persona humana.

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