EL EVANGELIO DE LA FAMILIA

By Archbishop Gomez
October 27, 2014
Source: Vida Nueva
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Es sorprendente la manera como, en nuestro sofisticado mundo secularizado, se ha centrado la atención mundial durante las últimas dos semanas, en una reunión de obispos católicos con el Papa en Roma.

El Sínodo Extraordinario de la Familia, que concluyó el domingo, estuvo marcado por intensos debates y diferencias de opinión respecto a la perspectiva pastoral.

Y toda la cobertura y comentarios de los medios de comunicación nos muestran una vez más que la gente de nuestro tiempo está mirando a la Iglesia en búsqueda de la verdad, de orientación y de sentido a las cosas.

El interés popular por el sínodo es también una señal de que el matrimonio y la familia siguen siendo temas cruciales, incluso en nuestra cultura individualista.

Estas últimas dos semanas nos han mostrado que millones de personas de todo el mundo siguen creyendo que el estar casados y tener una familia son claves para encontrar felicidad personal, sentido de pertenencia y amor.

Así que este sínodo “extraordinario” sirvió el propósito que el Papa Francisco quería. Dio inicio a un diálogo abierto entre los pastores de la Iglesia y entre los fieles laicos, que preparará de una mejor manera a la Iglesia para el Sínodo “ordinario” sobre la familia que Francisco ha convocado para octubre de 2015.

Este año que viene, en preparación para ese sínodo ordinario, promete ser un momento emocionante y desafiante dentro de la Iglesia.

Estas dos últimas semanas han hecho que todos nosotros que formamos parte de la Iglesia seamos más conscientes de los desafíos que enfrentan las parejas casadas y las familias en el mundo de hoy.

¡Ahora vemos con más claridad que el mundo necesita escuchar el Evangelio de la familia!

Tenemos que ser misioneros de la familia. Tenemos que salir a la sociedad y ayudar a las personas a descubrir la santidad y la belleza de la sexualidad y del matrimonio dentro del plan amoroso de Dios para la humanidad.

De hecho, cada vez estoy más convencido de que el evangelio de la familia es un “mensaje” esencial que tenemos que compartir en la nueva evangelización de nuestra cultura.

Y nuestra evangelización puede empezar a partir de los sólidos cimientos que tenemos en la gran cantidad de familias buenas y sanas que existen en nuestras parroquias y escuelas.

¡En mis años como sacerdote y obispo, he ejercido mi ministerio entre tantas buenas familias!

Familias buenas en las que el esposo y la esposa están tratando realmente de vivir las enseñanzas de la Iglesia con fidelidad y alegría. Familias en las que los esposos están unidos por el sacramento del matrimonio y de la Eucaristía en una verdadera comunión de vida que los lleva a buscar ser fieles para siempre y estar abiertos al don de la vida. Familias en las que los hijos aprenden la alegría del Evangelio a través del ejemplo diario de sus padres de perdón amoroso, de generosidad y de cariño.

Estas familias son un testimonio hermoso y vivo de la verdad y el poder de las enseñanzas de la Iglesia.

Pero ningún matrimonio es perfecto y ninguna familia es perfecta. Todos los matrimonios y todas las familias se enfrentan con desafíos. El matrimonio requiere de mucho trabajo y lo mismo ocurre con la crianza de los hijos. Se necesitan valor, paciencia, fe y amor cada día.

Así que los esposos y las familias necesitan nuestro amor y nuestro apoyo. En la Iglesia, tenemos que seguir buscando nuevas maneras y nuevos ministerios para apoyar a las parejas casadas, con el fin de alentar y fortalecer a sus miembros en ese peregrinar que hacen juntos, tratando de crecer en santidad y amor.

Tenemos que fortalecer a las familias buenas y presentarlas como modelo para los demás, especialmente para los jóvenes. Tenemos que mostrarles a los jóvenes lo hermoso que es estar casados y formar una familia, lo hermoso que es tomar parte en el plan de Dios para la humanidad. Y necesitamos reforzar la preparación al matrimonio, buscando nuevas formas de preparar a los novios para que sean buenos esposos, esposas, padres y madres.

En este año que viene tenemos que intensificar también nuestros esfuerzos por ofrecer misericordia y comprensión, por apoyar a los que se están esforzando por salir adelante en situaciones familiares que son complicadas.

¡En todo esto, nuestro Santo Padre y el sínodo están tratando de ayudarnos a ser más conscientes de los desafíos que enfrenta la familia y de la urgencia de intensificar nuestro llamado misionero!

Por lo mismo, es providencial que el Sínodo haya concluido con la beatificación del Papa Pablo VI.

El Beato Pablo VI fue una voz profética en la Iglesia y en la sociedad. Él nos llamó a cada uno de nosotros, que formamos parte de la Iglesia, a hacer un nuevo compromiso con nuestro deber de evangelización. Nos llamó también a concientizarnos, de manera más profunda, de que a través del matrimonio y la familia cooperamos en los planes de Dios para la creación.

Por eso, esta semana, oremos intensamente unos por otros, y también por las parejas casadas y las familias.

Y pidámosle a la Sagrada Familia de Nazaret —Jesús, María y José— que nos acompañen y guíen, y que nos ayuden a trabajar por promover el matrimonio y la atención a las familias.

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