CUANDO JESúS TOCA EL CORAZóN DE UN JOVEN

By Archbishop Gomez
August 12, 2016
Source: Vida Nueva
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Este fin de semana tuve la alegría de unirme a cerca de 1,500 jóvenes en nuestra celebración anual City of Saints (Ciudad de los Santos).

¡Qué maravilloso fin de semana! Tuvo lugar pocos días después de la conclusión de la JMJ en Polonia y nos sentimos como si estuviéramos viviendo nuestra propia “jornada mundial de la juventud” aquí en la ciudad de Los Ángeles, ¡de tanta energía y entusiasmo que hubo!

Cuando nuestros jóvenes se reúnen puede verse realmente que Jesucristo está vivo y que su Iglesia está viva; que es siempre joven y que siempre está renovándose.

Los jóvenes son el presente y futuro de la Iglesia. Todos lo sabemos.

Pero también sabemos que el transmitirle la fe a la siguiente generación a medida que nuestra sociedad se ha ido volviendo más secularizada y que los estrechos lazos que una vez existieron en las familias católicas, en los vecindarios, en las parroquias y en las escuelas se han disuelto, ha llegado a ser todo un reto.

Algunos se sienten pesimistas acerca de la tarea de evangelizar a los jóvenes. Yo no. ¡Todo lo contrario! Creo que los jóvenes son el camino de la Iglesia y la esperanza para la nueva evangelización de nuestra cultura.

Es cierto que indagar acerca de los adultos jóvenes católicos es algo que nos causa una profunda preocupación.

No hay duda de que sus actitudes e ideales son moldeados por el entorno de individualismo y relativismo que impera en nuestra cultura y en nuestras escuelas; por ese “ambiente” en general que dice que no existe el bien o el mal, que no hay nada verdadero o falso sino sólo diferentes opiniones y puntos de vista, y que lo más importante es sentirnos bien con nosotros mismos y obtener lo que queremos de la vida.

Los jóvenes también han sido definitivamente marcados por las desilusiones y los dolores de las familias separadas, de la infidelidad y de las promesas no cumplidas. Esta experiencia está muy extendida e implica que a muchos jóvenes les resulta difícil confiar en las cosas permanentes o hacer compromisos que duren para toda la vida.

Estas es la realidad de nuestro tiempo. Pero no es el destino.

Creo que con demasiada frecuencia, los investigadores y periodistas se centran en “problemas” en los cuales se supone que los jóvenes deben estar en desacuerdo con la enseñanza y la práctica tradicional de la Iglesia, como son el aborto, la homosexualidad, las relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Pero la fe católica no es un conjunto de “posturas” sobre determinadas cuestiones. La fe es la respuesta del corazón al don y a la invitación de Jesucristo.

En la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Francisco dijo: “Cuando Jesús toca el corazón de una persona joven, él o ella se vuelve capaz de hacer cosas verdaderamente grandes”.

Esto es cierto, y el verdadero ministerio juvenil empieza allí mismo: trayendo a la gente al encuentro con Jesucristo.

¡Encontrarse con Jesús! ¡Oírlo llamarnos por nuestro nombre! Dejarlo que toque nuestro corazón para que conozcamos su amor y su misericordia. Aquí es donde empieza todo, aquí es donde verdaderamente empezamos a vivir. Esta es la hermosa realidad que tenemos que presentarle a nuestros jóvenes. A partir de esta realidad todo lo demás en su vida puede crecer.

Transmitirle la fe a la siguiente generación no significa solaparla o disculparla o hacer caso omiso de las áreas en las podrían cuestionar las enseñanzas tradicionales.

Transmitir la fe significa caminar con nuestros jóvenes, escucharlos, prestar servicios con ellos y estar siempre abiertos al diálogo y a la conversación.

Los jóvenes de cada generación están en una búsqueda de algo y alguien por los cuales entregar su vida. Esto fue cierto en la década de los años 1900 y es cierto en la década de los años 2000.

Los desafíos pueden cambiar, pero en todo tiempo y lugar el corazón joven permanece abierto, inquieto, deseoso de amor, deseoso de Dios.

Nuestros jóvenes saben que falta algo en la visión de la vida que nuestra sociedad les presenta.

Saben que hay algo más que los sonidos e imágenes, posesiones y placeres que la cultura de consumo y entretenimiento les ofrece. Ellos saben que la felicidad no se encuentra simplemente eligiendo un estilo de vida o una identidad entre varias opciones superficiales.

Los jóvenes tienen preguntas que “Siri” nunca les podrá contestar: ¿Por qué existen el mal y el sufrimiento de los inocentes? ¿De dónde vengo, por qué estoy aquí? ¿Cómo puedo encontrar el amor?, ¿cómo sé que mi vida tiene importancia?

Jesucristo es esa respuesta ayer, hoy y mañana.

Nuestra tarea es alentar a los jóvenes a buscar a Jesús y a encontrarlo; alentarlos a considerarlo como su amigo y a seguirlo, a amarlo y a permanecer con él en el camino que recorren en la vida.

Y todos nosotros, que integramos la Iglesia —las familias, los pastores, las parroquias, las escuelas— tenemos que estar ahí haciendo ese recorrido con nuestros jóvenes. Tenemos que estar predicarles con el ejemplo, teniendo a Jesús como el camino para nuestras vidas y el modelo de cómo deberíamos vivir.

Oren por mí esta semana; yo estaré orando por ustedes.

Y pidámosle a nuestra Santa Madre María que nos ayude a compartir la alegría de la fe con nuestros jóvenes, para que ellos puedan saber que todo es posible cuando dejamos que Jesús entre en nuestras vidas.

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