CIUDAD DE LOS ÁNGELES, CIUDAD DE SANTOS

By Archbishop Gomez
August 01, 2016
Source: Vida Nueva
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La próxima semana, el Papa Francisco hará una peregrinación privada a Asís.

Irá para conmemorar el 800 aniversario de la aparición de Nuestro Señor a San Francisco en la pequeña capilla a la que él le dio el nombre de la Porciúncula. Al estar orando allí el 1 de agosto de 1216, Francisco vio a Jesucristo y a la Virgen María en el cielo, en medio de una nube de ángeles.

Este aniversario tiene también un significado especial aquí en Los Ángeles.

Nuestra ciudad fue fundada por misioneros franciscanos y fue nombrada originalmente y en honor de esa capilla en la que San Francisco tuvo su visión, El Pueblo de Nuestra Señora de los Ángeles de la Porciúncula.

Esta ciudad de los ángeles es una ciudad de santos. En mi oración de estos días de verano, he estado reflexionando sobre este hecho.

En los lugares por donde pasamos, ¡han pasado tantos santos! Hay santos cuyos nombres conocemos: – Santa Francisca Cabrini, San Juan Pablo II, la ya pronto Santa Madre Teresa… Y, por supuesto, San Junípero Serra, el padre espiritual de nuestra ciudad.

Pero hay también muchos otros que han visitado Los Ángeles o que han puesto su hogar aquí por un tiempo. Por ejemplo, me vienen a la mente los nombres de Dorothy Day, de la Beata María Inés Teresa, de la Venerable María Luisa Josefa (“Madre Luisita”) y de la Beata Irmã Dulce Pontes.

Los santos no son “extraterrestres” que vienen del espacio a habitar entre nosotros.

Uno de los retos de vivir y dar testimonio en una sociedad secular es que el lenguaje y los conceptos religiosos tradicionales —como lo sagrado, la santidad, el sacrificio—son pintados como extremosos, imposibles de alcanzar, propios de otro mundo.

Pero Dios nos llama a todos —a todos nosotros— a la belleza de su propia santidad. Él envió a Jesucristo al mundo para mostrarnos el camino. Y ese “camino” es un camino que nos conduce al corazón de la ciudad, en medio del mundo y con todos los problemas y alegrías que eso conlleva.

Cuando leemos las vidas y las palabras de los santos, entendemos que ellos son “realistas” que están profundamente comprometidos con las realidades de su tiempo y de la sociedad a la que pertenecen.

El otro día estaba leyendo acerca de la época en que vivió Santa Francisca Javier Cabrini, en Los Ángeles, es decir la época correspondiente a los primeros años del siglo 20.

En su diario y en sus cartas, ella nos presenta hermosas descripciones de la tierra y de la gente. Pero vio también la profunda división entre el mundo de los ricos y el de los pobres y los esfuerzos por salir adelante que tenía que hacer la gente común, especialmente los inmigrantes recién llegados de Italia y de México.

A veces, parece como si ella estuviera escribiendo hoy en día: “La ciudad de Los Ángeles está muy extendida y parece estar creciendo desordenadamente. Las propiedades son muy caras”.

Por supuesto, ser santo no significa necesariamente que uno juzgue siempre correctamente las cuestiones políticas o sociales.

Lo importante aquí es que ser cristiano significa que creemos que Jesús nos muestra el camino para llegar a Dios. Significa que nos comprometemos en hacer de Jesús el camino para nuestras vidas, en tratar de ver el mundo con sus ojos y en vivir como él quiere que vivamos.

Y el hecho de ser cristianos le confiere también a nuestra vida una misión. Estamos llamados a ayudar a los demás a descubrir a Jesús y a seguir su camino hacia la santidad, hacia la felicidad y hacia Dios.

La “Evangelización” es otra palabra difícil de entender en una sociedad secularizada. Sin embargo, la evangelización es nuestra responsabilidad cristiana diaria. Estamos llamados a vivir diariamente de tal modo la compasión y la atención hacia los demás, que ellos puedan ver el gran amor que Dios tiene hacia cada uno de nosotros.
Al yacer, rostro en tierra sobre el piso de esa capilla hace 800 años, San Francisco le pidió a Jesús que les concediera el perdón del castigo por el pecado a todos los que hacen una peregrinación a la Porciúncula. El evento llegó a ser conocido como el “Perdón de Asís”.

En este Año de la Misericordia, todos tenemos acceso al gran regalo del perdón de nuestro Padre a través de la “indulgencia plenaria” concedida al visitar una de las iglesias especiales de peregrinación de la arquidiócesis. Les ruego insistentemente a todos ustedes que visiten nuestra página web SeekMercy.org para que puedan localizar una de esas iglesias de peregrinación.

En este verano, en el que hemos visto tanta tensión, disturbios y derramamiento de sangre, hagamos de esta ciudad, que lleva el nombre de la Porciúncula, un lugar en el que imploremos el perdón y la paz, tanto para nosotros mismos como para nuestros seres queridos y para nuestro mundo.

Mientras el Papa Francisco esté en Asís la próxima semana, aquí en Los Ángeles vamos a celebrar nuestra segunda reunión anual de la “Ciudad de los Santos” para adolescentes y adultos jóvenes. Espero ver a muchos de ustedes allí. Este es un tiempo para recibir inspiración, un tiempo para recordar que nuestra ciudad fue fundada por santos y para recordar que nosotros también tenemos la vocación de ser santos y de llevar a los demás a serlo.

Oren por mí esta semana y yo oraré por ustedes. Y pidámosle a Nuestra Señora, Reina de los Ángeles que nos ayude a todos a buscar la misericordia de Dios en nuestras propias vidas y a hacer patente esta misericordia para los demás.

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