'CADA SACERDOTE ES UNA IMAGEN VIVA DE JESUCRISTO'

By Archbishop Gomez
June 06, 2015
Source: Vida Nueva
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Nota del editor: Estas reflexiones del Arzobispo son una adaptación de la homilía que pronunció en la Misa de Ordenación de los nuevos sacerdotes para esta Arquidiócesis, que tuvo lugar el 30 de mayo, en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles.

¡Qué gran día es hoy! Es una gran alegría para mí y para todos los que estamos aquí reunidos poder tomar parte en esta hermosa celebración, que vivimos como familia de Dios en la Arquidiócesis de Los Ángeles.

Cada sacerdote es una imagen viva de Jesucristo, y cada ordenación es un signo de su última promesa, de que permanecerá con nosotros hasta el final de los tiempos.

Hermanos míos, Jesucristo los ha llamado por su nombre. Jesús ha hablado a su corazón y ha llamado a cada uno de ustedes, de una manera especial, para que sean sus amigos, para que sigan sus huellas, para que la vida de cada uno de ustedes siga el camino que Él siguió.

Jesús los ha llamado a participar de su sacerdocio y a continuar su misión. Acabamos de escuchar estas hermosas palabras del Evangelio:

Los he llamado amigos, porque les he dicho
todo lo que le he oído a mi Padre.

Queridos hermanos, hoy ustedes son consagrados en su santo Nombre. Son consagrados para actuar en su nombre y con su poder, para la redención del mundo.

Ustedes no son ordenados para una misión que se limita a los confines de una parroquia, ni siquiera a los de esta arquidiócesis. Más bien, están llamados a participar de la misión universal de salvación que Cristo le ha confiado a su Iglesia.

A través de su ministerio, las aguas vivas de la gracia y del amor de Dios seguirán fluyendo, como un río invisible, en nuestros tiempos y en nuestras vidas. A través de su ministerio, el sacrificio de alabanza se ofrecerá en su santo altar, y en el altar de cada corazón que cree.

Así pues, hermanos míos, les espera una hermosa aventura.

Jesucristo vino a servir y los llama a ustedes a servir como Él sirvió, a amarnos los unos a los otros como Él nos ama.

¡Ustedes son el rostro de Jesús ante el mundo! ¡Ustedes son la imagen de Jesús! Esa es una realidad teológica y espiritual. Y es algo que también les da una responsabilidad práctica.

Cuando la gente mire a cada uno de ustedes, estará buscando a Jesús. Eso significa que ustedes tienen que ser humildes y amables, pacientes y bondadosos, generosos y acogedores.

El sacerdote tiene que “ser Jesús” para los demás. El sacerdote tiene que actuar como actuaría Jesús, es decir, entregándose a los demás con un corazón de siervo, lleno de amor; tiene que orar por la gente e interceder por ella; tiene que manifestar ante todos la misericordia y la compasión de Dios.

¡Además, mis queridos hermanos, ustedes se están convirtiendo en sacerdotes en un momento muy importante de la Iglesia!

Por providencia de Dios, el primer año completo de su sacerdocio será el Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, convocado por el Santo Padre, el Papa Francisco.

El Papa Francisco dice que la misericordia de Dios es “el corazón palpitante del Evangelio” y la misión de la Iglesia.

Así que en su ministerio ustedes están llamados a ser hombres de misericordia. Como el Papa nos lo dice una y otra vez: Dios nuestro Padre nunca se cansa de ser misericordioso. Y como sacerdotes suyos, ustedes son el rostro de su misericordia en el mundo.

En todo lo que hagan, traten de llevar la ternura y la misericordia de Dios a las personas con las que se encuentren. Estén donde estén, traten de hacer de la misericordia de Dios algo real y presente.

Le pido a Dios que en su ministerio sacerdotal ustedes siempre recuerden estas sencillas y hermosas palabras del Papa Francisco: “Imiten el Padre, que nunca se cansa de perdonar”.

Por lo tanto, queridos hermanos y hermanas míos, oremos por nuestros hermanos, ahora que se preparan para recibir este gran sacramento que los configurará con Jesucristo, el Buen Pastor, quien, en su misericordia, vino a buscar a los que estaban perdidos para llevarlos a la casa del Padre que los ama.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María, Nuestra Señora de los Ángeles, que vele por nuestros nuevos sacerdotes y que ayude a muchos jóvenes más a escuchar la voz de Jesús, que los llama a vivir su sacerdocio.

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