LA NAVIDAD Y SUS LECCIONES SOBRE LA CONFIANZA

By Archbishop Gomez
December 22, 2017
Source: Vida Nueva
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¿Cómo celebramos la Navidad cuando miles de nuestros hermanos y hermanas están todavía siendo evacuados y cuando miles más tienen miedo de los incendios forestales que aún están ardiendo en toda la región?

En lo que nos preparamos para la venida del Señor en Navidad, nuestras oraciones tienen que permanecer cerca de todas las víctimas, de los bomberos y de los trabajadores de emergencia, y también de todos aquellos que están haciendo lo que pueden para ayudar.

Los animo a que hagan donativos generosos a Catholic Charities, que está ofreciendo la asistencia esencial en toda la Arquidiócesis de Los Ángeles. Para hacer donativos con el fin de apoyar a las víctimas de los incendios, visiten nuestra página web: http://www.la-archdiocese.org.

En mis propias oraciones de estos días, sigo recurriendo a la Virgen María. Para mí, María es el modelo y la maestra de la confianza. Y la confianza es lo que más necesitamos todos, especialmente en estos días de problemas e incertidumbre.

Los santos nos enseñan que debemos confiar en Dios en cada circunstancia, y aún más en tiempos de sufrimiento.

Esta semana estuve leyendo en el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la confianza y la divina providencia. Y aparece ahí esta hermosa oración de Santa Teresa de Ávila:

“Nada te turbe, nada te espante,
todo se pasa, Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza;
quien a Dios tiene nada le falta:
Sólo Dios basta”.

No es fácil. Pero las lecturas que escuchamos durante estos últimos días previos a la Navidad nos recuerdan que confiar en Dios es el principio del camino de la fe, es un viaje que nos ha de llevar a la alegría y a la paz.

María escuchó las palabras del ángel en la Anunciación y se preocupó, incluso se asustó.

Las realidades de nuestra vida pueden ser preocupantes, aterradoras incluso. Esa es una razón por la cual, en la Biblia, los mensajeros de Dios se anuncian a sí mismos con las palabras: “No tengas miedo”.

Nuestro Señor viene e irrumpe en nuestras rutinas. Él perturba nuestros planes y desafía nuestras expectativas.

Podemos tratar de huir de Dios, pero nunca llegamos muy lejos. Nunca podemos realmente “escapar” de la realidad de la presencia amorosa de Dios y del cuidado que tiene de nosotros. El salmista sabía eso:

“¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?
¿A dónde huiré de tu presencia…
Si tomara las alas de la aurora
y fuera a habitar en los confines del mar,
también allí me llevaría tu mano
y me sostendría tu diestra”.

Aunque estaba preocupada y atemorizada, María no huyó de Dios. En eso, ella es nuestro modelo.

María meditó las palabras del ángel, y le hizo preguntas: “¿Cómo puede suceder esto?”.

En esto consiste la oración: en escuchar y hablar con Dios, en interrogarlo. Necesitamos seguir orando. Incluso cuando no obtenemos las respuestas que queremos. Incluso cuando parece que Dios no está escuchando. Porque Él siempre escucha.

Jesús nos dijo que no debemos preocuparnos por el futuro, porque Dios tiene en sus manos el ayer, el hoy y el mañana. Él nos dijo que Dios nos proporcionará todo lo que necesitamos.

Nuevamente, María es el modelo. Su respuesta al ángel es la esencia de la confianza:

“He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu Palabra”.

Estas son palabras de entrega. No en el sentido de desesperación o de darse uno por vencido, sino en el de abandonarse y entregar nuestras vidas a la voluntad de Dios, a los planes y propósitos de Dios. ¡Hágase, no mi voluntad, sino Tu voluntad!

¡Y estas son palabras de alegría! Porque nuestra confianza está fundamentada en la verdad de que Dios va caminando con nosotros. Nunca estamos solos. Ahora mismo estamos caminando con Jesús.

La Santa Madre Teresa dijo: “Podemos atravesar sin temor los lugares más terribles, porque Jesús, que está en nosotros, Él es nuestro amor, nuestra fuerza, nuestra alegría y nuestra compasión”.

En Navidad recordamos lo que los santos saben: que Dios es nuestro Padre y que nos ama y nos cuida como a sus hijos.

Necesitamos apoyarnos más en Dios, con absoluta confianza. Jesús viene como un niño para enseñarnos a confiar como niños. Como Jesús nos enseñó, hemos de mirarlo a Él como a nuestro Padre, hemos de acudir a Él para buscar todo lo que es bueno, verdadero y hermoso.

Dios nos dio la vida. Es su mayor regalo para nosotros. Y sólo encontramos el significado de nuestras vidas, nuestra felicidad y paz verdaderas, cuando le devolvemos a Él este regalo. Sólo cuando le decimos a Él, así como lo hizo María: “Que me suceda como has dicho”.

Necesitamos permanecer cerca de María en estos días anteriores a la Navidad. Ella nos muestra el camino, nos enseña a seguir adelante y a continuar confiando con alegría. Ella nos recuerda lo que el ángel le dijo: “Nada es imposible para Dios”.

Oren por mí en esta hermosa y santa temporada, y yo estaré orando por ustedes.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre que nos dé lecciones de confianza, para que, a ejemplo de ella, podamos hacer un lugar para Jesús en nuestros corazones y en nuestras vidas.

¡Feliz Navidad a todos ustedes y a sus familias!

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