CIEN AñOS DE AMOR DE DIOS EN ESTADOS UNIDOS

By Archbishop Gomez
November 14, 2017
Source: Vida Nueva
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Esta semana, estoy escribiendo en Baltimore, en donde estoy asistiendo a la reunión anual de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

Este año estamos celebrando el 100 aniversario de la conferencia. Para resaltar la importancia de esta ocasión, el Papa Francisco envió no sólo a su representante personal, el nuncio apostólico, monseñor Christophe Pierre, sino también al cardenal Pietro Parolin, secretario de estado del Vaticano.

La mayoría de los católicos probablemente no piensan mucho acerca del trabajo de la conferencia de los obispos. Pero la conferencia desempeña calladamente un papel vital en la formación de la vida católica y en la promoción del bien común de nuestro país.

La agrupación original de obispos, conocida como la Conferencia de Guerra Católica Nacional, fue creada en respuesta a la crisis de refugiados y a otros sufrimientos causados por la Primera Guerra Mundial.

Más tarde, ya como Conferencia Nacional de Beneficencia Católica, el colegio episcopal ayudó a desarrollar y promover ideas de justicia social que se convirtieron en un elemento básico del “New Deal”; ideas tales como el salario mínimo, el seguro de salud y las pensiones, las leyes de trabajo infantil y varias más.

Actualmente, la conferencia de obispos continúa promoviendo la respuesta de la Iglesia a cuestiones políticas y culturales, al mismo tiempo que ayuda a guiar el trabajo de evangelización y educación religiosa de la Iglesia, y a promover las vocaciones y la santidad.

En una misa especial que tuvo lugar para conmemorar el centenario, aquí en Baltimore, el Cardenal Parolin llamó la atención sobre los desafíos que enfrentamos en una sociedad que está cada vez más secularizada y dividida.

En su homilía, él se dirigió al colegio episcopal, diciendo: “En una época marcada por la secularización, el materialismo y la deshumanización en las relaciones humanas, un aspecto esencial de su tarea como pastores de la Iglesia de Estados Unidos es proponer la esperanza, oportuna e importunamente, confiando en su poder para atraer las mentes y los corazones a la verdad de Cristo”.

El desafío constante para los obispos, y, de hecho, para todos los católicos, es ¿cómo vivir y proclamar a Jesucristo? ¿Cómo dar testimonio de nuestra fe de una manera auténtica y completa?

En nuestros tiempos, este desafío se vuelve más complicado. La pregunta clave para la conferencia episcopal es ésta: ¿cuál es el papel de la Iglesia en una sociedad que funciona como si Dios no existiera, en una sociedad que niega que la vida humana tenga cualquier tipo un propósito o significado trascendental? A medida que nuestra sociedad parece estar volviéndose cada vez más hostil a las ideas religiosas, ¿cómo vivimos el Evangelio en el mundo a través de nuestra adoración y de nuestras obras de misericordia, de amor y de servicio?

La iglesia existe para evangelizar. Estamos llamados a proclamar a Jesucristo y a difundir la buena nueva de su enseñanza. Estamos llamados a hacer progresar el plan de amor de Dios y su Reino en nuestra sociedad.

Este es el motivo por el cual los obispos frecuentemente se involucran en cuestiones políticas y culturales relacionadas con la vida y la dignidad humanas. Como obispos, somos líderes espirituales y morales que también somos ciudadanos, responsables de hacer nuestra parte para el bien de nuestro país.

Y como católicos, estamos llamados a hacer nuestra contribución a la construcción de un mundo en el que la vida sea sagrada y en el que las personas tengan lo que necesitan para llevar una vida digna de hijos de Dios.

Siempre me ha gustado lo que dijo la Sierva de Dios, Dorothy Day: Estamos llamados “a construir el tipo de sociedad en el que sea más fácil que las personas sean buenas”.

Cuando los obispos hablamos sobre cuestiones de política, hablamos siempre como pastores, no como políticos. Queremos guiar a las personas, proponer principios que nos ayuden a pensar sobre los diversos asuntos, a la luz del Evangelio y de la enseñanza católica.

Los obispos buscan desafiar la conciencia de las personas e inclinarlas a la acción: a amar a su prójimo y a realizar obras de misericordia.

Todos enfrentamos el desafío de vivir nuestra fe católica como nuestra identidad principal. A veces es difícil. Nuestro propio interés y nuestra posición en el mundo, son cosas que a veces pueden interferir con esto.

Sabemos que el Reino de Dios nunca se realizará por medio de los esfuerzos humanos o a través de la política. Pero estamos llamados a solidarizarnos con aquellos que están sufriendo, con los miembros más débiles y vulnerables de nuestra sociedad. Estamos llamados a luchar contra las fuerzas de nuestra cultura que niegan la dignidad humana y que “deshumanizan” a las personas.

Este es el orgulloso legado de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Durante estos últimos 100 años, la Conferencia ha sido una expresión del amor de Dios por la gente de este gran país.

Oren por mí esta semana y yo oraré por ustedes. Y oremos de manera especial por los obispos de los Estados Unidos y por la Iglesia de este país.

Por la intercesión de María, Nuestra Santa Madre, que seamos siempre más eficaces servidores del Evangelio, que podamos llevar a una nueva generación a vivir una vida nueva en este mundo y que la santidad nos permita ver a Dios cara a cara en la vida del mundo futuro.

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