ESTA SEMANA SE CUMPLEN 30 AñOS DE QUE ESTUVO AQUí SAN JUAN PABLO II

By Archbishop Gomez
September 15, 2017
Source: Vida Nueva
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Con mucha frecuencia hablo de los santos que han venido a Los Ángeles para orar, para ejercer su ministerio y para alentarnos.

Espero no perder nunca esa sensación de asombro que experimento, al saber que estamos siguiendo las huellas de los santos, orando en los lugares en los que ellos oraron, trabajando en lugares en los que alguna vez ellos trabajaron.

Para mí, esto es un recordatorio de que nuestra misión en la Iglesia es ser la siguiente generación de “santos de L.A.”.

Estoy reflexionando sobre esto porque esta semana se conmemora el 30 aniversario de la visita pastoral de San Juan Pablo II a Los Ángeles.

La visita del Papa a Los Ángeles fue parte de un viaje de 10 días a Estados Unidos y Canadá. Fue su segundo viaje pastoral a este país.

En el momento de su visita, yo era un sacerdote joven que prestaba mi servicio en San Antonio. De hecho, dos días antes de que el Papa llegara a Los Ángeles, él pasó el día en San Antonio.

Nunca mientras viva olvidaré ese día. Tuve el privilegio de unirme a sacerdotes de todo Texas para concelebrar una misa al aire libre con San Juan Pablo para más de 350,000 personas. Durante esa visita, pude constatar de primera mano la alegría y la intensidad del Santo Padre y la poderosa conexión que podía establecer con la gente común.

En mis oraciones y lecturas de esta semana, he estado reflexionando sobre la visita de San Juan Pablo a Los Ángeles.

Él pasó un día y medio aquí, del 15 al 16 de septiembre, y su agenda estuvo llena: hubo 10 eventos públicos, inclusive discursos importantes dirigidos a líderes de las comunicaciones, a jóvenes, a representantes de las religiones del mundo y a los obispos de Estados Unidos, que habían venido a Los Ángeles para reunirse con el Papa. Visitó la Misión de San Fernando, la Escuela de la Inmaculada Concepción y celebró grandes Misas en el Estadio de los Dodgers y en el Coliseo.

Al leer nuevamente sus charlas esta semana, me impresionó la cualidad profética del mensaje y la comprensión de las cosas por parte del Papa.

Él tenía una profunda comprensión de las raíces misioneras de la Iglesia del continente americano y del carácter único que tenemos aquí.

En el Estadio de los Dodgers, el Papa hizo mención del legado misionero del ahora santo, Junípero Serra, y habló de cómo la inmigración de pueblos de todos los continentes sigue configurando la identidad espiritual de la Iglesia.

Dijo que la inmigración ha hecho que la Iglesia en California —y especialmente en Los Ángeles— sea “verdaderamente católica en el sentido más amplio, abarcando a pueblos y culturas de la más amplia y rica variedad”.

San Juan Pablo tenía también una aguda comprensión de las tendencias y direcciones de la sociedad estadounidense, especialmente de las presiones de la secularización. Anticipó los desafíos de la libertad religiosa en una cultura que, según él, se estaba volviendo más “indiferente —si no es que hostil— a la moralidad cristiana”.

Hablando en Santa Vibiana, que en aquel tiempo era la catedral de la Arquidiócesis, dijo: “En un mundo secularizado, hablar y actuar en el nombre de Jesús puede provocar oposición e incluso el ridículo. A menudo esto significa no estar en la línea de opinión de la mayoría. Sin embargo, si nos fijamos en el Nuevo Testamento, encontramos en todas partes palabras de aliento que nos invitan a la perseverancia en esta prueba de nuestra fe”.

Lo que noté en todas sus charlas es en qué gran medida se enfocó el Papa en la esperanza y en traernos luz y aliento. Los desafíos que enfrentamos son grandes, decía, pero Jesucristo es más grande, y con Él todas las cosas son posibles.

La esperanza fue el tema de su poderosa teleconferencia dirigida a los jóvenes.

“Las personas de esperanza son aquellas que creen que Dios las creó con un propósito y que Él proveerá para sus necesidades. Ellas creen que Dios las ama como un Padre fiel”, dijo.

El Santo Padre habló emotivamente acerca de su propia relación con Dios e hizo un llamado personal a los jóvenes:

“Tengan la seguridad de que el Señor conoce a cada uno de ustedes por su nombre y que desea hablarles al corazón en un diálogo de amor y de salvación… Escuchen su voz. ¡No tengan miedo! Abran sus corazones a Cristo. El gozo más profundo que hay en la vida es el que viene de Dios y que se encuentra en Jesucristo, el Hijo de Dios. Él es la esperanza del mundo. ¡Jesucristo es la esperanza de ustedes y la mía!”.

Su visita a Los Ángeles culminó con un Acto de abandono a la Virgen María.

Por favor oren por mí esta semana, que yo oraré por ustedes. Les pido de una manera especial que visiten mi página de Facebook (@archbishopgomez) el viernes 15 de septiembre, y que se unan a mí en la renovación de este Acto de abandono a la Virgen.

Como hizo San Juan Pablo II hace 30 años, digámosle juntos a la Santísima Virgen: “Virgen Madre de Dios, Nuestra Señora de los Ángeles, te encomiendo a toda la Iglesia de Estados Unidos. Ayúdala a destacarse en el sacrificio y en el servicio.

Purifica su amor, renueva su vida y conviértela constantemente al Evangelio de tu Hijo”.

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