SACERDOTES DE LA MISERICORDIA, PROFETAS DE LA PAZ

By Archbishop Gomez
April 26, 2014
Source: Vida Nueva
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¡Espero que todos hayan tenido una Pascua hermosa y pacífica en compañía de su familia y de sus seres queridos!

En Roma este próximo domingo, el Domingo de la Misericordia, nuestro Santo Padre el Papa Francisco canonizará a dos de sus predecesores: el Papa Juan XXIII y el Papa Juan Pablo II, proclamándolos santos.

Estas canonizaciones son un momento de gran alegría para la Iglesia universal, y nosotros también vamos a tener nuestras propias celebraciones localmente.

En la tarde del sábado 26 de abril, víspera de las canonizaciones, con la Oficina de la Nueva Evangelización, estaremos celebrando una vigilia especial en la Catedral, con cantos, oración y adoración.

Esa noche estará dedicada a honrar el legado del Papa Juan Pablo II, quien guió a la Iglesia para cruzar el umbral del nuevo milenio, y le encomendó la misión de la “nueva evangelización”.

Luego, en la tarde del domingo 27 de abril, a las 3:30 pm, en la Catedral, celebraré una Misa de Acción de Gracias por nuestros dos nuevos santos, San Juan XXIII y San Juan Pablo II.

¡Nuestra Iglesia es una Iglesia de santos! Y estos dos nuevos santos son un regalo de Dios para nuestro tiempo y para nuestra Iglesia.

Ambos fueron sacerdotes, buenos pastores y buenos padres espirituales. Y ambos fueron profetas en el tiempo en que les tocó vivir. Conocían el corazón de la gente sencilla, lo que les afligía y lo que esperaban. Y ellos supieron entender los patrones más amplios que rigen la historia y las corrientes políticas del mundo.

Ambos cambiaron vidas y cambiaron el mundo en que vivimos.

El Papa Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II, que le dio orientación y forma a la misión de la Iglesia en el mundo moderno. El Concilio recuperó la enseñanza del Evangelio acerca de la vocación universal de todo cristiano a la santidad, del llamado a ser santos. Y el Concilio también enseñó que cada uno de nosotros tiene el deber de anunciar el Evangelio y de construir el Reino de Dios.

El testimonio de esperanza del Papa Juan Pablo está asociado a la derrota del comunismo en su Polonia natal y en Europa oriental. Él centró la atención del mundo en los derechos humanos y la dignidad de la persona humana.

Estos dos nuevos santos nos ayudaron a poner atención en la misión esencial de la Iglesia: la misión de la evangelización.

Nos enseñaron a enfrentar el desafío de anunciar a Jesucristo en un mundo que está radicalmente marcado por la globalización y la secularización. Ellos entendían que estas fuerzas no sólo estaban cambiando nuestra sociedad sino que también afectaban la manera en que la gente vive y piensa acerca de su vida y de sus relaciones, tanto con Dios, como con sus familias y con las demás personas.

Los Papas Juan Pablo II y Juan XXIII llamaron a la Iglesia a un nuevo diálogo con “el mundo”, con las personas de otros credos y con las personas que no practican ninguna religión; con el mundo de la ciencia, la cultura, la política y las artes.

Nos enseñaron que aunque Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre, la Iglesia siempre debe estar buscando nuevas maneras y nuevas técnicas para llevar a Cristo al mundo.

Hay, por supuesto, mucho que aprender en distintas áreas de sus legados y de su testimonio. Pero para mí, Juan XXIII es el Papa de la paz y Juan Pablo II, el Papa de la misericordia.

La paz y la misericordia son los frutos del Reino que Jesús anunció en su Evangelio. Y tanto la paz como la misericordia son la “buena nueva” que la Iglesia está llamada a proclamar en el mundo de hoy.

Las personas anhelan la paz con Dios, la paz con los que los rodean y la paz en el mundo. Y también anhelan experimentar la misericordia, el amor y el perdón de Dios en sus vidas.

Nuestros nuevos santos sabían esto. Sabían también que, como seguidores de Cristo, cada uno de nosotros tiene una vocación misionera, un llamado de Dios a la santidad y al servicio de la misión de la Iglesia.

Todos estamos llamados a una misión en la Iglesia: a proclamar “un tiempo de misericordia”, a proclamar la paz y la reconciliación que Dios quiere compartir con todos y cada uno de nosotros.

Nuestros nuevos santos hicieron un llamado a la Iglesia —y a cada uno de nosotros— a un tener nuevo espíritu de misión, un espíritu que nace de un nuevo y más profundo conocimiento de Jesucristo y del poder de su Evangelio. Ellos nos enseñaron que la evangelización empieza con la conversión personal.

De manera que en este tiempo lleno de gozo que es el Tiempo Pascual, démosle gracias a Dios por nuestros nuevos santos, y comprometámonos a una conversión más profunda y renovada, para de este modo poder realmente acoger el poder de la Resurrección en nuestras vidas y poder así ser verdaderamente transformados todos los días por el amor que Dios nos tiene.

Nuestros dos nuevos santos tuvieron una amorosa devoción a nuestra Madre Santísima. Pidámosle entonces a ella que nos acompañe y que nos muestre siempre el camino para que sigamos a Jesús en nuestros esfuerzos por ser misioneros y santos.

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