EN EL CUERPO DE CRISTO, NOW REUNIMOS TODOS COMO AMIGOS

By Archbishop Gomez
June 22, 2017
Source: Vida Nueva
featured image


Nota del Editor: El 18 de junio, el Arzobispo Gómez celebró la Misa anual en reconocimiento todos los inmigrantes, en la catedral de Nuestra Señora de los Ángeles. Esta columna fue adaptada a partir de su homilía.

Hoy estamos celebrando también el espíritu inmigrante que es lo que hace de Estados Unidos un país grandioso.

Estados Unidos siempre ha estado constituido por una hermosa colección de muchos pueblos inmigrantes. Y el espíritu inmigrante sigue renovando el alma de este país, a pesar de que hemos estado pasando por tiempos difíciles y llenos de luchas durante los últimos años.

Hay un tiempo para la política y un tiempo para la oración, un tiempo para la acción y un tiempo para la reflexión.

Éste es un tiempo para la oración. En nuestra vida necesitamos oración y acción. Pero, como nos lo recuerdan los santos, la oración siempre debe ir en primer lugar.

Así que hoy le pedimos al Espíritu de Dios que ilumine nuestras mentes y que abra nuestros corazones; le pedimos que nos fortalezca para continuar nuestro viaje.

En la primera lectura que escuchamos esta mañana, Moisés nos dice: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor”.

Reflexionemos hoy acerca de nuestras vidas y de nuestra nación a la luz de la Palabra de Dios, a la luz del plan de salvación de Dios.

Los fundadores de este país creyeron que Dios creó a todos los hombres y mujeres con una dignidad y un destino trascendentes. Ellos creyeron que nuestro Creador dotó nuestras vidas de un significado y un propósito que va más allá de la política y la economía.

La promesa de Estados Unidos es que esta tierra sería un hogar para todos los pueblos, sin importar el color de su piel, o la nación de donde provinieran, ni el idioma que hablaran, ni la religión que profesaran.

Y, mis queridos hermanos y hermanas, ustedes son los hijos de la promesa de Estados Unidos. Ustedes conocen las bendiciones de este país.

Sé que muchos de ustedes llegaron a este país con grandes sacrificios y sufrimientos. Les costó mucho trabajo lograrlo. Se vieron obligados a dejar todo atrás. Todo para ir en pos de esta promesa. Todo para buscar una vida mejor para sus hijos y para sus familias.

¡Siempre Adelante! Ésa es la oración de San Junípero Serra, un inmigrante y misionero y uno de los padres fundadores de Los Ángeles y de Estados Unidos.

Hoy estamos orando en presencia de sus sagradas reliquias, y también de las reliquias de otros dos grandes protectores de los inmigrantes en Estados Unidos: Santa Francisca Xavier Cabrini y Santo Toribio Romo.

Imploremos hoy sus oraciones e intercesión.

Queridos hermanos y hermanas, los santos están con ustedes y la Iglesia está con ustedes. Y nuestro país los necesita. Estados Unidos necesita sus dones y talentos.

Le ruego a Dios que ustedes siempre puedan estar orgullosos de “quiénes son” y “de dónde provienen”. Y sigamos haciendo todo lo posible por ayudar a construir esta gran nación a la que hemos llamado nuestra casa.

De muchos que somos, pasamos a formar uno solo. Ésta es la promesa de Estados Unidos.

Y tenemos un reflejo de esta hermosa visión en la gran fiesta que celebramos hoy en la Iglesia —Corpus Christi—: el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

San Pablo nos dice en nuestra segunda lectura de hoy: “Hermanos y hermanas… El pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su Cuerpo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan”.

Queridos hermanos y hermanas, en la Cruz de Jesucristo —y en la Eucaristía— somos hechos uno: una familia, un Cuerpo.

Éste es el sueño de Dios para sus hijos, para cada uno de nosotros; éste es el hermoso sueño que renovamos y celebramos en cada Eucaristía.

Y la misión de la Iglesia es construir el Cuerpo de Cristo. Ésa es la misión de ustedes y la mía.

Estamos llamados a llevar a la gente, con alegría, a Jesús. Estamos llamados a reunir a los pueblos de este mundo en una sola familia: el Cuerpo de Cristo.

En el Cuerpo de Cristo, ya no somos extranjeros. En él, nos encontramos unos con otros como amigos. Nos encontramos con “los demás”, reconociéndolos como hermanos, como hermanas.

Pero actualmente nuestra familia humana está dividida; somos muchos pero todavía no somos uno.

Incluso aquí en Estados Unidos, en la nación más rica de la tierra, vemos que va creciendo cada vez más la distancia entre los que tienen lo que necesitan para vivir, y los que no lo tienen.

En todo el mundo, vemos gente obligada a abandonar sus lugares de origen, buscando protegerse de la violencia o con el fin de darle de comer a sus familias. Y, nuevamente nos damos cuenta de que, incluso aquí, en Estados Unidos, vemos cada día a más personas que no tienen hogar y que están viviendo en las calles.

Esta es la realidad de nuestra familia humana en estos tiempos de globalización; éstos son los signos de nuestros tiempos. ¡Y como cristianos no podemos permanecer indiferentes!

El hermoso misterio de Corpus Christi significa que tenemos el deber de cuidar de los demás, de mostrar compasión hacia ellos. En Jesucristo, somos un Cuerpo. Y cuando un miembro del Cuerpo está sufriendo, significa que todos sufrimos con él.

Este año, al celebrar esta misa por todos los inmigrantes, sabemos que nuestro país sigue estando dividido en cuanto al tema de la inmigración. Y sabemos que muchos de nuestros hermanos y hermanas siguen sufriendo, inclusive muchos de ustedes que están aquí presentes el día de hoy.

Así que hoy le pedimos a Dios que podamos ver las cosas con los ojos de Jesús, con los ojos de los santos. Le pedimos que nos conceda ver nuestras vidas siempre a la luz de esta gran fiesta de Corpus Christi.

Jesús nos dijo que él estaría presente en los pobres, tal y como está presente en la Eucaristía.

Y Jesús nos dijo también que si lo amamos, entonces lo acogeremos y lo serviremos en los desamparados y en los inmigrantes; en los enfermos y en los que sufren; en los niños que están por nacer; en los presos que anhelan una segunda oportunidad.

Así que hoy estamos pidiendo en nuestra oración que podamos mantener esa perspectiva. ¡Nuestras vidas están conectadas, tejidas entre sí en el Cuerpo de Cristo!

Oremos hoy por nuestro país. Que podamos tener paz, seguridad y libertad en nuestras fronteras, y que nuestros hijos sean bendecidos. Oremos por nuestros líderes en Washington y por todos aquellos que sirven a nuestro país en el gobierno y velando por el cumplimiento de la ley.

¡Dediquémonos todos —todos nosotros— a hacer realidad la hermosa promesa de Estados Unidos! De muchos que somos, ¡podemos llegar ser uno solo! ¡Seremos uno!

Las hermosas palabras de Jesús que escuchamos hoy en el Evangelio son una promesa de esperanza, una promesa de una vida nueva.

“Como el Padre que me ha enviado posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí”.

Entonces, queridos hermanos y hermanas, vivamos por causa de Jesús, mis queridos hermanos y hermanas. Vivamos para Jesús y seamos de Jesús. Vivamos para seguirlo, para hacer su voluntad, para llevar a cabo su misión, para construir el Cuerpo de Cristo y la familia de Dios.

¡Dediquémonos todos —todos nosotros— a hacer realidad la hermosa promesa de Estados Unidos! De muchos que somos, ¡podemos llegar ser uno solo! ¡Seremos uno!

Y que Nuestra Señora de Guadalupe — nuestra Madre y la fuente de nuestra esperanza— nos ayude a labrar el futuro de Estados Unidos y a renovar el alma de nuestra sociedad.

Back to Top