HOMILíA DE LA MISA EN HONOR DE CéSAR CHáVEZ

By Archbishop Gomez
Cathedral of Our Lady of the Angels
March 31, 2017


Queridos hermanos y hermanas en Cristo,1

Recordamos hoy especialmente la memoria de nuestro hermano César Chávez y hoy también pensamos y recordamos a su esposa Helen Fabela Chavez, que falleció el pasado 6 de Junio. Descanse en paz y que el Señor la tenga en su reino. 

Como ustedes saben, el viernes pasado, 31 de Marzo, hubiera sido el cumpleaños número 90 de César. Así que hoy celebramos su vida, le damos gracias a Dios por su testimonio, y tratamos de aprender del legado que nos dejaron él y Helen.

He estado pensando en César últimamente. Como todos sabemos, estos son tiempos inquietantes para nuestro país, son tiempos de temor e incertidumbre, especialmente para nuestros hermanos y hermanas que son inmigrantes o refugiados.

Me parece que nos debe ayudar pensar en la vida y el ejemplo de César Chávez y del movimiento de los trabajadores agrícolas.

Necesitamos tener la fe que tuvo César. El confió en Dios. Y confiaba en que su “causa” era justa, porque él estaba trabajando en favor de la dignidad humana y de la libertad.

En el corazón de la visión de César estaba el Sermón de la Montaña, esa gran enseñanza de Jesucristo sobre la no violencia y el amor a nuestros enemigos.

César solía decir: “La fuerza generada por el espíritu del amor es más poderosa que cualquier otra fuerza en la tierra. Es algo que no se puede detener”.

Vemos ese mismo espíritu de amor en acción en las lecturas de la Palabra de Dios que hoy escuchamos en esta Santa Misa.

La enseñanza de las lecturas de hoy es que el Espíritu de amor de Dios es más fuerte que la muerte. ¡El Espíritu de Dios es tan poderoso que puede volver a los muertos a la vida!

En la primera lectura que escuchamos hoy, tomada del profeta Ezequiel, oímos a Dios mismo hacer esta promesa.

Yo voy a abrir las tumbas de ustedes,
los haré salir de ellas, y los haré volver,
pueblo mío, a su tierra, la tierra de Israel.

Esta es una promesa de amor, una promesa de rescate y de liberación.

Lo que Dios ha prometido, Dios lo concederá. Es verdad, que Dios tiene su tiempo. Por eso necesitamos paciencia y contar con que en ocasiones pasamos por momentos difíciles, pero nunca debemos dudar de que Dios nos concederá lo que pedimos, de acuerdo a Su Voluntad.

El Evangelio de hoy es la historia que todos conocemos, acerca de los amigos de Jesús: las hermanas Marta y María y su hermano Lázaro.

Jesús llego a Betania, quizá como muchas otras veces, y ahí se enteró que su amigo Lázaro había fallecido. Y llevaba ya cuatro días en la tumba.

Marta y María estaban llenas de dolor y en duelo. Fue algo tan emotivo para Jesús, que el Evangelio nos dice que empezó a llorar. Es el verso más corto del Evangelio. Y quizás el más conmovedor. Sólo tres palabras: “Y Jesús lloró”.

Es una escena hermosa y dramática, que realmente nos muestra la humanidad de Jesús, su naturaleza humana.

Sin embargo, este no es el final de la historia. Porque esta es una historia acerca del poder del amor de Dios, del poder del Espíritu de Dios.

Luego, Jesús le pregunta a Marta si cree en él, si confía en su promesa. Y escuchamos esas maravillosas palabras:

Yo soy la resurrección y la vida;
El que cree en mí, aunque muera, vivirá,
Y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás.
¿Crees esto?

Y escuchamos a Marta responder con gran fe: “¡Sí, Señor!

Queridos hermanos y hermanas, cuando oímos a Jesús haciéndole una pregunta a alguien en los Evangelios, deberíamos saber que esta pregunta está también dirigida a nosotros.

Y hoy, Jesús nos pregunta, así como pregunto a Marta. ¿Creemos que él puede dar vida a partir de la muerte? ¿Creemos en el poder de su amor?

Claro que si, por eso estamos aquí. Pero cada año, la Cuaresma nos da la oportunidad de renovar nuestra fe. Estas semanas de la Cuaresma y en especial, la Semana Santa, que empezamos el próximo domingo, es un tiempo de conversión, de cambiar, de mejorar y todo empieza con renovar nuestra fe.

Con Marta, le decimos a Jesus, “¡Sí, Señor!” ¡Creemos que tú eres la Resurrección y la vida! 

De modo que hoy también, renovemos nuestra fe y creamos en este Espíritu de amor, en este Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos. Creamos, como Marta y María; como creyó nuestro hermano César Chavez. 

Jesús nos promete hoy: “Si crees, verás la gloria de Dios”.

Así que sigamos poniendo toda nuestra confianza en Dios. Pidámosle a Dios hoy que aumente nuestra fe, que nos ayude cuando dudamos y cuando nos desanimamos.

Jesús está caminando con nosotros en este viaje. Nunca estamos solos. Nos tenemos unos a otros. Y tenemos a Dios.

Tengamos también mucha confianza en que Dios nos ayudara a encontrar la solución a la situación de los inmigrantes y refugiados. 

Hemos de confiar en Dios y crecer en la fe, sabiendo que con Dios lo podemos todo. Como lo estamos viendo hoy, Dios lo puede todo, puede resucitar a los muertos.

Pidamos hoy a nuestra Madre Santísima, Nuestra Señora de Guadalupe, que interceda por nosotros para que tengamos una conversión verdadera en esta cuaresma y en la Semana Santa que empieza el próximo domingo y que continúe acompañándonos y dándonos valor y fortaleza.

1. Lecturas: (quinto Domingo de Cuaresma): Ez 37, 12-14; Sal 130, 1-8; Rom 8, 8-11; Jn 11, 3-7, 17, 20-27, 33b-45.

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